martes, 23 de diciembre de 2014

FERNANDO RAMOS Y NICOLE KIDMAN

FERNANDO RAMOS es un pintor surrealista con grandes influencias de Dalí y Picasso, maestros a los que él admira y lo demuestra en muchas de sus obras. Fernando nace en Madrid (1952) en el seno de una familia de artistas, su padre Salustiano Ramos Pardo es un gran Acuarelista de mediados del siglo XX (Medalla Felipe Trigo) Ayuntamiento de Madrid.

Fernando, después de finalizar sus estudios descubre el mundo publicitario, en el cual desarrolla su vida profesional, primero como Ilustrador y Director de Arte y finalmente como Técnico Creativo diplomado, trabajando en una veintena de agencias de publicidad tan prestigiosas como DARDO, YOUN & RUBICÁN, B.C.K. Madrid y un largo etc. hasta qué en los años 90, junto con una serie de profesionales del sector, funda su propia Agencia.



En su trayectoria Fernando siempre combinó con su carrera el mundo pictórico, en el cual realizó y realiza exposiciones de sus obras, aunque a él considera que no le merece la pena reseñarlas. A través de ellas sigue consiguiendo premios, críticas y reseñas en prensa, revistas y televisión.




En esta ocasión vamos a analizar una de sus obras más importantes tanto por el motivo como por sus significados y es el RETRATO DE NICOLE KIDMAN. El mismo dice "Está pintado en el tiempo en que esta magnífica intérprete trabajó con Amenábar y realizó tan extraordinariamente su papel que yo consideré que entraba en un proceso metafísico"


Observando la obra de manera global captamos una gran armonía de líneas y de color. En el aspecto cromático encontramos una estupenda y delicada armonía de azules y amarillos donde las carnaciones toman ciertos matices rosáceos. Al ser complementarios y a pesar de ser colores suaves casi apastelados, la figura brilla como una diosa que posee una mirada desafiante. El rojo de los labios contrasta con algunos verdes que están en el paisaje del fondo. Queda patente que tiene un dibujo impecable.






La composición como podemos ver en el esquema está llena de triángulos equiláteros, isósceles y rectángulos, sublimando al personaje, transmitiendo sensaciones de  grandiosidad, seguridad y equilibrio. Las  suaves y abiertas curvas compensan y equilibran el sinfín de rectas que construyen los triángulos. La estatuilla del Oscar acaba de descender dejando su rastro mientras el contenido de la copa asciende envolviendo el cabello de la actriz, la propia copa, al ser un triángulos isósceles invertido ya señala ascensión. Al fondo vemos un Sol blanco, puro, sublime. Un largo pendiente cuelga estático en perfecto equilibrio.

Este precioso retrato posee una especial inducción a sentir que se vaporiza y asciende que es tanto como decir que se produce una sublimación entendida desde el punto de vista químico y psíquico.

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