martes, 27 de septiembre de 2016

LAS TRIBULACIONES DE CASIOPEA por Carmen Mansilla


No parece que a Carmen Mansilla le gusten los currículums, pues ella misma dice:

“Hasta donde pueda llegar la memoria, me recuerdo pintando. Tras años dedicada profesionalmente a la ilustración y diseño decido dejarlo todo y viajar a Florencia para aprender con los clásicos. Mi sed de saber me lleva a seguir buscando con grandes maestros. Así pues el currículum no vale nada, ya que nunca estará completo; lo poco que he llegado a aprender es tan insignificante, comparado con lo que aún ignoro que jamás dejaré de buscar”

Este concepto que posee, tan claro, de su nivel de conocimientos respecto a lo que ignora, contrasta con la concepción general en la que muchos se creen el ombligo del mundo.

Su formación artística comenzó en 1981 Universidad Complutense de Madrid. Ciencias de la Información. Publicidad, Licenciatura en Bellas Artes por la UIE  en 2012 y ha continuado a lo largo del tiempo recibiendo cursos de pintura de los más prestigiosos maestros de la pintura actual por lo que posee una vasta formación como pocos.


LAS TRIBULACIONES DE CASIOPEA   146X192 óleo/lino belga

En la mitología griega, Casiopea (en griego antiguo Κασσιέπεια o Κασσιόπεια) era hija de Arabio Existen diferentes tradiciones sobre ella: la más común la considera esposa del rey Cefeo de Etiopía y madre con él de Andrómeda, cuya belleza ella ensalzaba por encima de la de las Nereidas o, según otra versión, era Casiopea misma la que se jactaba de ser superior en belleza a las Nereidas. Este orgullo fue la causa de su desgracia, al provocar la ira de Poseidón, que envió al monstruo marino Ceto a devastar el reino. Tratando de salvar Etiopía, Cefeo y Casiopea consultaron a un oráculo, que les indicó que el único modo de apaciguar al dios del mar era ofrecerle a su hija en sacrificio. Andrómeda fue despojada de sus ropas y encadenada a una roca al borde del mar, a la espera de morir a manos de Ceto. Sin embargo, el héroe Perseo, que regresaba de matar a Medusa, se enamoró de la joven cautiva y utilizó la cabeza degollada de aquélla para vencer a Ceto convirtiéndolo en coral, con lo que salvó la vida de Andrómeda y, finalmente, se casó con ella.

No queriendo dejar a Casiopea sin castigo, Poseidón la situó en los cielos atada a una silla en una posición tal que, al rotar la bóveda celeste, queda cabeza abajo la mitad del tiempo. La constelación de Casiopea se asemeja a este trono, que originalmente representaba un instrumento de tortura. Casiopea no siempre se representa atada a la silla como tormento; en algunas imágenes posteriores sostiene un espejo, símbolo de su vanidad, mientras que en otras sostiene una hoja de palma sagrada que le permite mantener sus sorprendentes poderes.

Otra tradición la considera esposa de Fénix, el hijo de Agénor, y madre de Carme. (Wikipedia)

Estas son dos de las versiones de Casiopea en las que las diferencias no son importantes y ahora veamos como Carmen Mansilla representa estos sucesos  o como los imagina.

Cuando nos paramos a contemplar la obra de Carmen Mansilla encontraremos lo siguiente:





En la esquina izquierda vemos de pie una adolescente vestida con una bata blanca que deja a la vista la parte frontal de su cuerpo con pecho incipiente y ligera barriguita. La pierna derecha sirve de apoyo del cuerpo por lo que está en posición recta mientras la izquierda se ve ligeramente flexionada con el pié atrás de manera que hace pensar que solo apoya en el suelo la punta de los dedos. Un pantaloncito corto de tela vaquera, desabrochado, tapa justamente el pubis únicamente. El tipo de bata y el peinado con trenza con lazo de tela y caracolillos parece pertenecer al siglo XV-XVI por tanto podría ser una peluca lo que tiene en su cabeza. La mano izquierda se posa sobre una toalla o estola con bordados y flecos, pareciendo pellizcarla. Dicha estola está colgando del brazo derecho de una silla o sillón de madera torneada, con asiento tapizado. Podríamos interpretar que es un sillón tipo trono al tener apoya brazos y respaldo alto aunque es bastante simple. Su mirada parece dirigirse hacia la mano que pellizca la tela como si estuviera comprobando su textura, costumbre muy femenina.

Sobre los dos palos verticales del respaldo del sillón hay tres caretas colgadas de la pared. La máscara de la izquierda es blanca con labios rojos y ojos bordeados en negro que parece estar gritando, pareciendo el rostro de un payaso y, la de la derecha, aunque a primera vista vemos una, en realidad hay dos, una roja y otra gris oscuro de las que solo cubren ojos y nariz. La luz viene del lado derecho del cuadro y proyecta las sombras hacia el lado izquierdo.

La pared parece cubierta de papel decorativo de color azul gris y el suelo está cubierto por una alfombra que quiere parecer persa.

Por tanto Casiopea no tiene edad como para que vaya presumiendo de belleza arrolladora, ni su pose ni actitud parece arrogante sino más bien ingenua y ensimismada en el contacto de sus dedos con la tela de la estola. Tampoco tiene la pierna atada a la silla.

Todo esto me lleva a la conclusión de que la autora de esta obra no se ha situado en el tiempo que el mito de Casiopea describe, pues vemos a una niña al lado de la silla y no recibe castigo alguno porque no ha cometido ninguna falta aún, aunque podría cometerla en un futuro y por ello está todo preparado, incluidas las máscaras del payaso y del diablo, o de la burla y el castigo y la estola está para lavarse/purificarse cuando cometa la falta.

Las máscaras están situadas como culminando las dos columnas de la silla trono, como si fueran los capiteles de las mismas simbolizando los dos puntales sobre los que se apoyara el castigo futuro. Es como una premonición. Las máscaras nos recuerdan a los símbolos del teatro griego, comedia y tragedia.

Estas máscaras fueron creadas dentro del drama griego alrededor del año 600 antes de Cristo, el cual surgió como una celebración religiosa del dios Dionisio. Se pueden encontrar otras máscaras en el teatro renacentista italiano y en el teatro japonés Noh. La máscara del drama (o teatro) es generalmente un símbolo de la identidad de un personaje o de las emociones que se expresan.

La tradición romana heredó mucho de Grecia tanto en el drama como en otras ramas de las artes. Los romanos crearon máscaras con expresiones exageradas y permitieron que las mujeres también desempeñaran un papel (los hombres llevaban máscaras de color marrón y las mujeres vestían de blanco). Las emociones expresadas en las máscaras iban desde algo lúgubre, al gozo, a la mirada lasciva; todas eran muy exageradas para permitir que el público en la parte trasera del teatro pudiera identificar las emociones de los actores. Los romanos agregaron elementos de comedia baja y áspera al drama, lo cual atrajo a una mayor cantidad de personas al teatro.

El teatro en la Edad Media era mal visto por la Iglesia Cristiana. Sin embargo, las presentaciones sobrevivieron en forma de obras religiosas (o de "misterios") que implicaba historias de la Biblia, por lo general la Natividad o la Pasión. Las máscaras en estas obras fueron utilizadas para representar a los personajes principales y al diablo. Europa también tuvo una tradición de obras teatrales enmascaradas originadas con rituales religiosos no cristianos, como Samain, donde un hombre que llevaba una máscara de cabeza de caballo dirige una procesión.

Que la figura vista como en el siglo XV-XVI pero lleve un pantalón vaquero cortísimo, como sustituyendo a las bragas, no deja de ser chocante que podría indicarnos la actualidad del mito por el valor e importancia que la mujer concede a la belleza física que la lleva a disfrazarse de cualquier época con tal de ejercer su poder seductor. La silla o trono nos indica que será la reina al ejercer su poder.

Los elementos de la obra están resueltos con un dibujo impecable que  pone de relieve el dominio de la figura y los drapeados de las telas así como el manejo de las texturas y las transparencias de las telas.

Desde el punto de vista cromático la obra está resuelta en una rica y variada gama de grises salvo las carnaciones, la madera barnizada de la silla y el suelo alfombrado.

La figura se sale del cuadro de manera que produce la sensación de ser en relieve no en plano, especialmente la cabeza y la mano derecha. La bata presuntamente blanca está llena de colores, rojos, azules, verdes, amarillo con una imbricación tal que produce irisaciones con una gran variedad de matices y véase como se transparenta para dejar entrever el brazo y la pierna derecha. Los bordados y brocados, con unos toques magistrales del pincel parecen auténticos, en relieve. El asiento del trono, el tapizado visto de cerca son manchas grises que parece estar sucio, pero al alejarse adquiere su auténtica visión en volumen.





La composición está formada por tres cuadriláteros rectángulos en posición vertical, figura y silla, más la estola que transmiten la sensación subliminal de estabilidad, unidad y seguridad con cierto dinamismo; un cuadrado por la parte inferior de la silla, que carece del dinamismo del anterior y una combinación de líneas  que  constituyen las diferentes partes de la silla. Las verticales que dan sensación de exaltación, fuerza y permanencia, y las horizontales que dan sensación de paz y serenidad.




También podemos ver los óvalos que inscriben las máscaras cuya sensación es majestuosidad y grandiosidad. Añadamos a esto el círculo de la cabeza de la figura que centra la atención de la escena dando sensación de serenidad y equilibrio.





2 comentarios:

Cristina Ledo dijo...

Hola Antonio, hace mil que no veo nada de Arte, ni siquiera de las personas que por azar encontré en la red. Vuelvo a ver y disfrutar del Arte y de quien tenga algo que contar.
Ni te imaginas la ilusión de ver tu entrada con Carmen Mansilla, una de las primeras personas con las que me tope, para mí, una ARTISTA, así, en mayúsculas, una de esas personas que a pesar de no conocer en el mundo real sientes que es especial. En éstos diez años de seguimiento a Carmen le he conocido grandes obras, está en concreto me ha resultado fascinante y poder leer tus comentarios de ella me ha encantado.
Por lo poco que he ido aprendiendo das en el clavo, de todas maneras, por lo que conozco de Carmen y su amor al Carnaval de Venecia y sus máscaras, me atrevería a decir que de ello hace buen uso en esta bellisima obra.

Muchas gracias a ti por acercar a los demás al complicado mundo del Arte.
Un abrazo

asanchezgil dijo...


Me he llevado una grata sorpresa al encontrar tu nombre en este comentario tuyo. Tal como dices Carmen Mansilla es una pintora grande y muy especial. Hay pocos pintores que tengan conocimientos mitológicos ysimbolistas y menos aún con la capacidad de plasmarlos en un lienzo. Mi suerte es que he sido cocinero antes que fraile y eso me ha permitido descubrirlo y describirlo. Un fuerte abrazo Cristina.