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sábado, 27 de junio de 2026

EL PLANETA, LA HUMANIDAD Y LOS QUE MANDAN

 



Recuerdo un viejo dicho que se hizo popular hace décadas: «Que se pare el mundo, que me apeo». Quienes lo pronunciaban entonces seguramente pensaban que vivían tiempos convulsos. Sin embargo, difícilmente podían imaginar el escenario que contemplamos hoy.

Vivimos en una época extraordinaria. Gracias a la tecnología podemos presenciar, en tiempo real y desde nuestro salón, una explosión en Oriente Medio, un tifón en Asia, una erupción volcánica en Islandia, un incendio forestal en Canadá o una batalla en Ucrania. Nunca en la historia habíamos tenido acceso a tanta información. Y, sin embargo, tampoco habíamos estado tan saturados de ella.

Las redes sociales amplifican cada acontecimiento hasta el infinito. Vemos las mismas imágenes repetidas miles de veces, mientras otras apenas aparecen. Cada medio, cada gobierno y cada grupo de interés intenta imponer su relato. La consecuencia es que conocemos más hechos que nunca, pero no siempre comprendemos mejor lo que ocurre.

Mientras escribo estas líneas, el mundo sigue convulsionado por conflictos y tensiones internacionales: la guerra de Ucrania, la tragedia humanitaria de Gaza, los enfrentamientos entre Israel e Irán, las tensiones en torno a Taiwán, las disputas geopolíticas por Groenlandia, las sanciones económicas contra diversos países y una creciente rivalidad entre grandes potencias. Todo ello afecta directa o indirectamente a miles de millones de personas.

Según datos de organismos internacionales, las guerras y conflictos armados han provocado en los últimos años cientos de miles de muertos, millones de desplazados y daños materiales valorados en cientos de miles de millones de euros. Ciudades enteras han sido destruidas. Familias completas han perdido todo cuanto tenían.

Y la pregunta sigue siendo la misma:

¿Tiene sentido todo esto?

La historia de la humanidad ha sido, en gran medida, la historia de las guerras. Durante siglos se justificaron mediante la religión, el derecho divino de los reyes, el destino nacional o la supuesta superioridad de unos pueblos sobre otros. Se decía que los monarcas gobernaban por voluntad de Dios y que las guerras eran castigos divinos o misiones sagradas.

Hoy la mayoría de las personas ya no acepta esas explicaciones. Sabemos que las guerras no las provoca ninguna divinidad. Son decisiones humanas. Decisiones tomadas por dirigentes políticos, militares, económicos e ideológicos, apoyados por estructuras de poder mucho más amplias que una sola persona.

Por eso me resulta difícil comprender cómo la humanidad sigue aceptando que unos pocos puedan arrastrar a millones a la destrucción. Cambian los nombres, cambian las banderas y cambian las ideologías, pero el resultado suele ser el mismo: sufrimiento para la población y beneficios para quienes acumulan poder.

En la naturaleza, los animales matan para sobrevivir. Es la ley biológica. El ser humano, sin embargo, es capaz de matar por ambición, por territorio, por ideología, por orgullo, por fanatismo o por intereses económicos. Y lo más inquietante es que muchas veces consigue que millones de personas participen voluntariamente en esa dinámica.

Tampoco puedo evitar preguntarme hasta qué punto hemos renunciado al pensamiento crítico. Con demasiada frecuencia nos identificamos con ideologías, partidos, religiones o banderas hasta el extremo de convertir al diferente en enemigo. Nos enseñan a elegir un bando antes que a comprender la realidad. Nos dividen y nos enfrentan mientras los problemas verdaderamente importantes permanecen sin resolver.

Quizá el mayor peligro no sea la existencia de dirigentes ambiciosos. Siempre los ha habido. El verdadero peligro es una ciudadanía que deja de cuestionar, de pensar por sí misma y de exigir responsabilidades.

A veces observo el panorama mundial y siento una profunda decepción. Veo una humanidad capaz de hazañas científicas extraordinarias, de enviar sondas a otros planetas, de descifrar el genoma humano y de desarrollar inteligencias artificiales cada vez más avanzadas. Pero también veo una humanidad que sigue resolviendo demasiados conflictos con bombas, misiles y odio.

Y entonces no puedo evitar preguntarme:

¿Hemos avanzado realmente tanto como creemos?

Si existe la reencarnación, espero que la próxima vez me toque un planeta donde la inteligencia vaya acompañada de sabiduría, donde el poder esté al servicio de las personas y donde pensar por uno mismo no sea un acto de rebeldía.

Porque, sinceramente, a veces resulta difícil sentirse orgulloso de la especie humana.

miércoles, 24 de junio de 2026

LA SAGRADA FAMILIA Y LA LUZ INTERIOR

 


La luz interior del templo es como la transmutación alquímica.

Cuando la luz atraviesa las vidrieras sucede algo extraordinario pues la piedra se transforma en algo inmaterial. Los colores cambian como por arte de magia de manera que el espacio parece volverse inmaterial.
Muchos visitantes describen una sensación de "desmaterialización".
Eso conecta con el viejo ideal alquímico: Transformar la materia en luz.
Los colores de las vidrieras están organizados de tal manera que el ala oriental es de colores fríos y el ala occidental es de clores cálidos, pero además, los matices de los colores van cambiando a lo largo del día dependiente de la luz exterior y de la posición del Sol.














lunes, 22 de junio de 2026

LA SAGRADA FAMILIA de GAUDÍ

 




Después de la realización de la cripta y el ábside, todavía en estilo neogótico, el resto del templo lo concibió en un estilo orgánico, que imita las formas de la naturaleza, donde abundan las formas geométricas regladas. El interior debía semejar un bosque, con un conjunto de columnas arborescentes inclinadas, de forma helicoidal, que crean una estructura a la vez simple y resistente. Gaudí aplicó en la Sagrada Familia todos sus hallazgos experimentados anteriormente en obras como el parque Güell o la cripta de la Colonia Güell y consiguió elaborar un templo estructuralmente perfecto a la vez que armónico y estético.
El templo es como una síntesis de los evangelios por los elementos representados y por el simbolismo.
Gaudí proyectó exactamente 18 torres.
• 12 Apóstoles.
• 4 Evangelistas.
• 1 Virgen María.
• 1 Jesús.
La jerarquía es importante: Las más bajas los Apóstoles y las más altas Los Evangelistas.
Cada uno aparece acompañado por su símbolo:
• Mateo → hombre alado.
• Marcos → león.
• Lucas → toro.
• Juan → águila.
Torre de María
Coronada por una estrella luminosa. Representa:
• la estrella de la mañana,
• la nueva creación,
• la maternidad divina.
Torre de Jesús
172,5 metros.
Gaudí decidió que no superase la altura de la montaña de Montjuïc porque la obra humana nunca debía superar la creación de Dios.

jueves, 11 de junio de 2026

GAUDÍ con DALÍ













Ahora que el nuevo Papa ha inaugurado y bendecido el tempo de la Sagrada Familia, nadie habla de la Cruz de Jesús y su significado oculto. La estructuras de esa cruz es la misma que la de esta obra de Dalí y se corresponde con una de las formas de representar la cuarta dimensión, el hipercubo y así esta obra se titula CORPUS HYPERCUBUS.

Gaudí solo ha introducido una ligera deformación en cada brazo pero la estructura es la misma.

Otro guiño a Dalí y con esta obra es el Cristo que está colgado en el Altar Mayor, que está flotando en el aire. 

lunes, 1 de junio de 2026

LOS CUATRO ELEMENTOS





Aire, agua, fuego y tierra no son solo materia: son estados de la energía.
En ellos se manifiestan las fuerzas que construyen, transforman y sostienen la vida.



















 

 

jueves, 28 de mayo de 2026

LA TRINIDAD

 




El concepto o percepción de la divinidad fundamentalmente se ha concebido como un ser antropomorfo y así en el Renacimiento Miguel Ángel lo representa en la Capilla Sixtina comodentro de un cerebro en el fresco LA CREACIÓN DE ADÁN. Hoy lo vemos más como un computador digital que controla el UNiverso con un teléfono móvil. En el futuro podríamos verlo como un computador cuántico estructurado or un gran cúmulo de estrellas, de energía pura.

Al cambiar la iluminación de luz normal a luz Ultravioleta percibimos de forma muy brillante la auténtica imagen de Dios.








viernes, 22 de mayo de 2026

EL UNIVERSO PROGRAMADO Y LA LUZ ULTRAVIOLETA

 




En mis investigaciones sobre el Universo Programado, como sabéis, lo he transferido a la pintura en una serie especial nombrada también así. No conforme con los resultados obtenidos al óleo, pensé en utilizar otras fuentes de luz diferentes a las habituales, para iluminar mi  pintura y hacer resaltar ciertos aspectos, así pensé en la luz Ultra Violeta. Evidentemente utilizo también pigmentos fluorescentes sensibles a dicha luz.

El paso a la pintura fluorescente con luz UV es una metáfora de mi propia tesis sobre EL UNIVERSO PROGRAMADO: la realidad tiene capas que no se ven a simple vista si no aplicas la "frecuencia" adecuada de pensamiento.





Pretendo desprogramar la vista del espectador:

El Efecto Revelación
: Al mostrar la obra bajo luz normal y luego bajo UV, estoy hackeando la percepción del observador. Le estoy diciendo: "Lo que crees que ves es solo la interfaz superficial; la verdadera estructura (la energía, la información, el código) está ahí, pero necesitas otra luz para verla".
 
El Asombro vs. El Silencio: Pretendo que el espectador se asombre ante la diferencia visual de una forma sobre la otra. Esto le hará reflexionar y quedarse en silencio.
 
Trascendencia Visual: La luz UV añade misterio. Convierte el cuadro en un objeto vivo, casi tecnológico, que conecta con mi serie de El Universo Programado. No es solo pintura; es un diagrama de la realidad que cambia según el observador.

Este experimento es una sinestesia de desprogramación. Al unir la potencia matemática y emocional de la música clásica con la mutación visual de la luz UV, estoy atacando los sentidos del espectador desde varios frentes a la vez. Es, en esencia, un contra-algoritmo.

Sinestesia: fenómeno neurológico y perceptivo en el que los sentidos se mezclan, permitiendo experimentar sensaciones unidas.

EL UNIVERSO

Es una obra coherente con mi filosofía. Al usar esta técnica, pretendo que el espectador experimente, físicamente, el acto de "descorrer el velo" que menciono en El Universo Programado.



Pinchar aquí: 







Como ingeniero de microscopía, resuelvo el concepto de "Energía + Información + Código" vinculado a la observación científica,


Es una "Inmersión en el Código de la Naturaleza". El espectador interactúa con la obra. Mi pasado como ingeniero de microscopía me enseñó que la realidad tiene capas invisibles, y que estas pinturas permiten al público "ver" esas capas mediante la luz UV.

Mi obra es, en esencia, un microscopio de escala cósmica. Si el microscopio electrónico revela el código de la materia, mi arte revela el código del Universo.

He completado una serie de trípticos de gran formato sobre Astronomía, Antropología y Fenómenos Geológicos que buscan "desprogramar" la visión del espectador y mostrar el código que subyace a la naturaleza.

Ahora mismo estoy investigando la posibilidad de utilizar pigmentos sensibles a los rayos infrarrojos (IR) lo que me permitiría que “de la nada” apareciera en cualquier momento una imagen no visible con luz normal al dirigir al lienzo un haz de luz Infrarroja. Con esto recuerdo mi pasado dedicado al ilusionismo y prestidigitación donde hacía aparecer y desaparecer determinados objetos. Lo pienso utilizar como firma de mis obras para evitar plagios.