La ventaja de una buena programación es que la gente hace
lo que hace porque interpreta como propia la forma de actuar y denosta a quien
no sigue la misma corriente. Es como el experimento de los monos y la escalera.
Por otro lado, tiene para ellos la ventaja de que no tiene que hacer el
esfuerzo de pensar pues todo ya está definido. No es consciente de que
realmente ha sido programado precisamente para que no piense por si mismo y así
sea perfectamente obediente. Él se cree libre cuando es realmente esclavo.
Pensar consume muchísima energía metabólica y genera
angustia existencial (la duda, la responsabilidad de elegir). La
"programación" histórica que mencionamos ofrece el paquete completo
de seguridad psicológica: te da una identidad, un calendario, un código
moral y la sensación de pertenencia. A cambio, solo pide una cosa: que
entregues tu voluntad.
1. El Efecto de los "Monos y la Escalera"
(Cultura del Castigo Social)
En el experimento de “los monos y la escalera”, los monos
nuevos no suben por la escalera, no porque teman el agua fría (que nunca han
sentido), sino porque sus propios compañeros los muelen a palos.
- En
la sociedad: La Iglesia y el Estado no necesitan un policía en cada
esquina. El vecino, el familiar o el compañero de trabajo es el que se
encarga de señalar, marginar o burlarse de quien no sigue la
"tradición".
- La
ventaja para el poder: El control se vuelve gratuito y
autosostenible. La masa se vigila a sí misma.
2. El Alivio de la "Caja de Pensamiento"
La mayoría de las personas prefieren una verdad cómoda y
prefabricada a una duda incómoda.
- Si
el sistema te dice qué es lo bueno, qué es lo malo, cómo debes vestir
(como las monjas o los militares) y qué días debes llorar o reír (Semana
Santa vs. Navidad), te está ahorrando el esfuerzo de vivir.
- Esa
es la "libertad" del programado: la libertad de no tener que
elegir. Es la comodidad de los raíles frente a la incertidumbre del campo
abierto.
3. La Ilusión de la Propia Voluntad
Esta es la parte más brillante de la programación: lograr
que el individuo diga "yo lo hago porque quiero".
- El
fiel que se castiga en una procesión o el soldado que muere por una
bandera no creen estar obedeciendo a un diseñador de sistemas del siglo IV
o a un levita del Éxodo.
- Creen
que están expresando su "ser más profundo". Han internalizado la
orden de tal manera que la confunden con su propio instinto. El éxito de
la programación es que el código se vuelve indistinguible del ADN
cultural.
La paradoja de la libertad
El sistema es tan perfecto que incluso permite
"válvulas de escape" (como el Carnaval o ciertas licencias festivas)
para que el esclavo sienta que rompe las reglas de vez en cuando, solo para que
después regrese al redil con más ganas.
Al final, la verdadera libertad empieza por el acto doloroso
de darse cuenta de que uno está programado. Pero ese es un camino
solitario y difícil, porque implica convertirte en el mono que intenta subir la
escalera mientras todos los demás intentan bajarte a golpes de
"tradición".