Durante la dictadura de Francisco Franco, el rol de la mujer
en España sufrió un profundo retroceso. El régimen impuso un modelo
patriarcal, ultraconservador y católico que anuló casi todos los derechos
civiles, políticos y laborales alcanzados durante la Segunda República.
La Sección Femenina de Falange, liderada por Pilar
Primo de Rivera, fue la institución oficial encargada de adoctrinar a las
mujeres para moldearlas según este ideario.
El ideario franquista para las mujeres
El régimen consideraba que la mujer tenía una misión
biológica y patriótica única: la maternidad y el cuidado del hogar. El
destino de la mujer española se resumía en ser una sumisa esposa, una madre
abnegada y la guardiana de la moral católica de la familia.
Pilar Primo de Rivera lo expresaba con frases célebres en
sus discursos, como:
"Las mujeres nunca descubren nada; les falta el
talento creador, reservado por Dios a las inteligencias varoniles", o "El
verdadero deber de las mujeres con la Patria es formar familias con una base de
amor absoluto al trabajo y a la disciplina".
El hombre era el proveedor y la autoridad económica y
política; la mujer era el motor moral del ámbito estrictamente privado (la
casa).
Las restricciones legales y civiles (El Código Civil)
El marco jurídico de la dictadura convirtió a las mujeres en
menores de edad perpetuas. Al casarse, pasaban de la tutela de su padre
a la de su marido.
- El
Permiso Marital: Era el pilar del control machista del Estado. Una
mujer casada necesitaba la firma y autorización de su marido para
casi cualquier acción legal o económica cotidiana:
- Trabajar
o firmar un contrato laboral.
- Abrir
una cuenta bancaria o disponer de su propio dinero.
- Comprar
o vender bienes (incluso los que fueran de su propiedad antes del
matrimonio).
- Sacarse
el carné de conducir.
- Expedir
el pasaporte o viajar al extranjero.
- Pérdida
de la nacionalidad: Si una española se casaba con un extranjero,
perdía automáticamente su nacionalidad española.
- Prohibición
del divorcio y el aborto: El matrimonio era indisoluble. El aborto y
el uso o divulgación de anticonceptivos estaban estrictamente prohibidos y
castigados con penas de cárcel.
- Desigualdad
ante el adulterio: El Código Penal castigaba el adulterio femenino de
forma severa (cárcel). El hombre, en cambio, solo era castigado por
"amancebamiento" si mantenía a una amante dentro del hogar
conyugal o de forma escandalosa. Existía incluso la figura del vindicatus
sanguinis, que reducía la pena al marido o padre que matara a su mujer
o hija si las sorprendía en adulterio.
Restricciones laborales
El régimen quería a la mujer fuera del mercado de trabajo
para fomentar la natalidad y dejar los empleos a los hombres.
- La
excedencia forzosa por matrimonio: A través del Fuero del Trabajo
(1938), el Estado obligaba a las mujeres a abandonar sus puestos de
trabajo en el momento en que se casaban. A cambio, recibían una
pequeña indemnización llamada "dote nupcial".
- Profesiones
prohibidas: Las mujeres tenían vetado el acceso a la judicatura (no
podían ser juezas ni fiscales), la diplomacia, notarías, registros y a los
cuerpos de seguridad del Estado.
- Brecha
salarial legal: La legislación franquista establecía de forma
explícita que las mujeres debían cobrar menos que los hombres por el mismo
trabajo (en ocasiones hasta un 30% o 50% menos).
¿Cómo imponía su doctrina la Sección Femenina?
La Sección Femenina era el único organismo político femenino
permitido. Utilizó varios mecanismos obligatorios para moldear el
comportamiento de las jóvenes:
1. El Servicio Social Femenino
Era el equivalente a la "mili" de los hombres. Fue
obligatorio para todas las mujeres solteras de entre 17 y 35 años que
quisieran acceder a un trabajo público, sacarse el pasaporte, obtener títulos
académicos o el carné de conducir. Duraba varios meses y consistía en clases de
formación política, religión, labores domésticas, puericultura (cuidado de
bebés) y asistencia en hospitales u hogares del régimen.
2. Manuales y guías de comportamiento
La Sección Femenina editaba manuales que se distribuían
masivamente (como la famosa Guía de la buena esposa). En ellos se daban
instrucciones explícitas sobre cómo actuar con el marido:
- Tener
la cena lista cuando él volviera de trabajar.
- Lucir
impecable, arreglada y silenciosa.
- No
quejarse si él llegaba tarde o salía sin ella.
- Complacer
sus deseos sin oponer resistencia, minimizando el propio placer personal.
3. Control de la vestimenta y la decencia
El organismo, en estrecha colaboración con la Iglesia
Católica, imponía la modestia en el vestir. Se vigilaba de cerca que las faldas
tuvieran el largo "adecuado" (por debajo de la rodilla), se prohibían
los escotes y el uso de pantalones en público estaba muy mal visto. En las
playas y piscinas se obligaba al uso de bañadores de una pieza con faldilla y
estaba prohibido que hombres y mujeres compartieran ciertas áreas de baño.
La tímida apertura (Años 60)
Hacia finales de los años 50 y la década de los 60, la
necesidad económica del país obligó al régimen a flexibilizar algunas normas.
La Ley de Derechos Políticos, Profesionales y de Trabajo de la
Mujer de 1961 eliminó la excedencia obligatoria por matrimonio y abrió
algunas profesiones, aunque el permiso marital del Código Civil se
mantuvo vigente en su esencia hasta 1975, prácticamente al final de la
dictadura.





