viernes, 29 de enero de 2021

LA CAPILLA SIXTINA 22 (SIBILAS Y PROFETAS)

Fijándonos en la obra en su totalidad, estas figuras destacan de entre las otras por su tamaño, casi doblándolos y haciendo que no pasen desapercibidas. Todas las figuras que explicaremos a continuación son de orígen judío (en el caso de los profetas) o pagano (en el caso de sibilas). Michelangelo se rige a la hora de pintar a estos personajes por el Evangelio de San Mateo, donde la genealogía asciende hasta el patriarca Abraham y no Adán como en el Evangelio de San Juan. Estos profetas y sibilas flanquean la bóveda como precursores de la llegada del Mesías.



Pero antes de ponernos manos a las obras, cabe aclarar qué es un profeta y una sibila para situarnos en lo que está por llegar. Comenzando por las sibilas, en la época mítica de la historia antigua eran aquellas mujeres que gozaban de una reconocida facultad de profetizar el futuro y acontecimientos de toda índole. Sus palabras o predicciones solían ser realizadas casi siempre en estado de trance o éxtasis. De entre tantas que hay, las más conocidas son las cinco pintadas por Michelangelo: Sibila Líbica (o Libia), Pérsica, Cumana, Eritrea y Délfica. Cada una de ellas, en determinada manera, predijo el advenimiento de la era cristiana y por eso el Papa Giulio II quiso que figuraran en el conjunto de pinturas encargadas por él en la Capilla Sixtina. Por otro lado, los profetas eran aquellos que “hablaban por otro”, es decir, que eran la voz intérprete de Dios, el que ve lo que Dios le muestra en forma de visiones, sueños, etc. De entre los profetas mayores y menores, que se conocen de una manera u otra por el número de páginas de sus escritos, Michelangelo representó a siete: Profeta Zacarías, Joel, Isaías, Ezequiel, Daniel, Jeremías y Jonás.

Según la Torá, Isaías, Ezequiel, Daniel y Jeremías eran profetas mayores mientras que Zacarías, Joel y Jonás eran menores. ¿Eligió al azar a la hora de representar a uno u otro? Es una pregunta a la que todavía no se ha hallado la respuesta, pero sí un mensaje oculto en cinco profetas y todas las sibilas: cada figura representa un mandamiento.

Para no extendernos demasiado, explicaremos grosso modo quién fue el profeta y la sibila y haremos una selección de aquellos frescos en los que se puede observar con claridad el mandamiento representado.




 

martes, 26 de enero de 2021

LA CAPILLA SIXTINA 21(David y Goliat)

 La tercera pechina pertenece al relato de David y Goliat, ubicado en el Primer Libro de Samuel.



El primer rey de Israel, Saúl, perdió la protección y el don de Dios por desobedecerle (al no vencer a los amalecitas). Entonces, el profeta Samuel mintió al rey para poder alejarse de la ciudad y viajar hasta Belén para conocer a un pastor llamado Jesé (había recibido instrucciones divinas de Dios) y que este le presentara a sus hijos, pues uno de ellos sería el nuevo rey.


Jesé le dijo a Samuel que sus hijos estaban en la guerra contra los filisteos (bajo las órdenes del mismo rey Saúl), pero le presentó a su hijo menor, David, que estaba junto a su padre.
Samuel, al ver a David, supo que era el elegido. Posteriormente, David pasó a ser el músico del rey Saúl.


Un día, el padre de David le mandó a visitar a sus hermanos mayores en el campo de batalla.
Allí se encontró con Goliat, un gigante que había estado durante cuarenta días esperando a que algún soldado del ejército de Israel se enfrentara a él; el pueblo que perdiera, sería esclavo de los vencedores. Hasta ese momento nadie se había atrevido pero David, al llegar, decidió enfrentarse sin armamento (solo llevaba una honda y cinco piedras que había recogido por el camino).


David consiguió derribar a Goliat con una de esas piedras, que impactó en su frente y, una vez lo tuvo en el suelo, cogió la propia espada del enemigo y le cortó la cabeza.


Este último momento es el que está representado en la obra de Miguel Ángel, donde se aprecia el dramatismo y la tensión en los personajes.


Se levantó el filisteo y fue acercándose al encuentro de David; se apresuró David, salió de las filas y corrió al encuentro del filisteo. Metió su mano David en su zurrón, sacó de él una piedra, la lanzó con la honda e hirió al filisteo en la frente; la piedra se clavó en su frente y cayó de bruces en tierra. Y venció David al filisteo con la honda y la piedra; hirió al filisteo y le mató sin tener espada en su mano. Corrió David, se detuvo sobre el filisteo y tomando la espada de este la sacó de su vaina, lo mató y le cortó la cabeza. Viendo los filisteos que había muerto su campeón, huyeron. (I S 17, 48-51)

LA CAPILLA SIXTINA 20 (Castigo de Amán)

 La primera escena, ubicada en el Libro de Ester, se titula El castigo de Amán.



La escena sinóptica transcurre en el siguiente orden: izquierda-derecha-centro. Así, las escenas laterales son un anticipo al momento crucial del relato, que destaca en el centro de la composición.


El rey persa Asuero contrae matrimonio con la joven Ester que, después de recibir el aviso de su tío Mardoqueo (tuvo un sueño en el que veía el peligro que corría el pueblo de Israel), habla con su marido para revelar la conspiración de Amán, su primer ministro, que pretendía exterminar al pueblo judío.


Amán ya había convencido casi por completo al rey para que diese el visto bueno a su operación pero Mardoqueo intenta impedir de nuevo que Amán ejecute su plan a través de su sobrina Ester, y es en esta ocasión cuando lo consigue.


Finalmente, Mardoqueo es recompensado por salvar al pueblo de Israel y Amán es ejecutado.


En la parte izquierda de la composición, encontramos a Ester revelando el plan de Amán (destaca por sus vestimentas amarillas en las diversas escenas del fresco) a su marido.
En la parte derecha, el rey hace entrar a Mardoqueo (que aparece sentado en el umbral de la puerta) para que le explique con mayor detenimiento las palabras que Ester le ha mencionado con anterioridad. También se observa como Amán sale de la escena.


El centro de la composición narra el desenlace de este relato: Amán es ejecutado. La curiosidad está en que, en la obra de Miguel Ángel, Amán aparece crucificado y no en un cadalso como relata el texto bíblico (Amán fue ahorcado). Este cambio en la manera en la que Amán muere podría deberse a una inspiración en la obra de La Divina Comedia de Dante Alighieri (concretamente en la parte de El Purgatorio), donde nos muestra a un Amán muerto en una cruz.


Así, la crucifixión de Amán podría considerarse una prefiguración de la muerte de Cristo.

LA CAPILLA SIXTINA 19 (Serpiente de bronce)

 La segunda representación monoescénica se titula La serpiente de bronce y pertenece al Libro de los Números. Relata cómo Dios, ante la incredulidad que muestra el pueblo de Israel al dudar del mismo Señor y de Moisés, su guía por el desierto, envía un castigo en forma de serpientes.





Tras la muerte de muchos de los ciudadanos, los supervivientes se arrepienten de sus palabras, por lo que recurren a Moisés para que, a través de él, muestre el arrepentimiento del pueblo y acabe con el castigo.

Dios, al escuchar las palabras de Moisés mensajero, le ordena que fabrique una serpiente de bronce y que la ponga sobre un mástil. Así, cada persona que fuera víctima del ataque de una serpiente, recuperaría la vida con tan solo mirar a la figura de bronce.

El ambiente muestra desesperación y revuelo con el pueblo siendo rodeado y atacado por las serpientes, mientras que la atención de espectador va directamente a la serpiente de bronce, que es el lugar de la salvación.

Envió entonces Yahveh contra el pueblo serpientes abrasadoras, que mordían al pueblo; y murió mucha gente de Israel. El pueblo fue a decirle a Moisés: «Hemos pecado por haber hablado contra Yahveh y contra ti. Intercede ante Yahveh para que aparte de nosotros las serpientes», Moisés intercedió por el pueblo. Y dijo Yahveh a Moisés: «Hazte un abrasador y ponlo sobre un mástil. Todo el que haya sido mordido y lo mire, vivirá». Hizo Moisés una serpiente de bronce y la puso en un mástil. Y si una serpiente mordía a un hombre y este miraba la serpiente de bronce, quedaba con vida. (Nm 21, 6-9).