jueves, 25 de febrero de 2021

LA CAPILLA SIXTINA 38 (La separación del cielo y la tierra)

 




La tercera escena, o La separación del cielo y la tierra pertenecería al segundo día de la Creación y, en este caso, Dios es representado de la misma manera que los anteriores frescos: hercúleo, fuerte, imponente. En este caso, tres ángeles acompañan a la deidad cuando este está, de nuevo con sus manos, separando el cielo o firmamento (representado de color azul) del agua (se representa como una franja de color grisáceo sobre la que Dios levita) para, posteriormente, crear la tierra.

Dijo Dios: «Haya un firmamento por en medio de las aguas, que las aparte unas de otras». E hizo Dios el firmamento: y apartó las aguas de por debajo del firmamento de las aguas de por encima del firmamento. Y así fue. Y llamó Dios al firmamento «cielos». Y atardeció y amaneció: día segundo. Dijo Dios: «Acumúlense las aguas de por debajo del firmamento en un solo conjunto, y déjese ver lo seco» y así fue. Y llamó Dios a lo seco «tierra» y al conjunto de las aguas lo llamó «mares» y vio Dios que estaba bien. (Gn I, 6-10).



LA CAPILLA SIXTINA 37 (La creación del Sol, la Luna y las plantas )

 




La segunda escena, también llamada La creación del Sol, la Luna y las plantas, pertenece a los días tres y cuatro de la Creación.

Esta obra es destacable por la doble presencia de Dios, mostrando así su omnipresencia.

En la parte izquierda de la composición, Dios se muestra de espaldas al espectador haciendo surgir vegetación de la nada y en la parte derecha Dios está de frente, creando a su izquierda la Luna y a su derecha el Sol, acompañado de algunos ángeles.

Haciendo referencia a la publicación anterior, los mensajes que dejó ocultos Miguel Ángel en su obra se ven muy bien reflejados en este fresco junto con las argumentaciones de Borromeo: el Dios creador de la vegetación parece alejarse mostrando su trasero señal de irreverencia ante la Santa Iglesia Católica. Por otro lado, la influencia de Copérnico en Miguel Ángel en referencia a la teoría heliocéntrica hace que el artista represente a Dios señalando el Sol como nuevo símbolo del centro del mundo.



Dijo Dios: «Produzca la tierra vegetación: hierbas que den semillas y árboles frutales que den fruto, de su especie, con su semilla dentro, sobre la tierra». Y así fue. La tierra produjo vegetación: hierbas que dan semilla, por sus especies, y árboles que dan fruto con la semilla dentro, por sus especies; y vio Dios que estaba bien. Y atardeció y amaneció: día tercero. (Gn I, 11-13).

Entonces dijo Dios: «Haya lumbreras en la expansión de los cielos para separar el día de la noche, y sean para señales y para estaciones y para días y para años; y sean por luminarias en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra». Y así fue. E hizo Dios las dos grandes lumbreras, la lumbrera mayor para dominio del día y la lumbrera menor para dominio de la noche; hizo también las estrellas. Y Dios las puso en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra, y para dominar en el día y en la noche, y para separar la luz de las tinieblas; y vio Dios que estaba bien. Y atardeció y amaneció: día cuarto. (Gn I, 14-19).

LA CAPILLA SIXTINA 36 (La separación de la luz y la oscuridad)

 



El fresco con el que se inicia la secuencia es el conocido como La separación de la luz y la oscuridad.



En esta obra, encontramos una representación de Dios que podría crearnos una cierta reminiscencia al todopoderoso Zeus griego o al Júpiter de la antigua Roma (caracterizado por una fuerte musculatura, una frondosa barba y una larga y rizada melena; podría verse como un ser altivo e impetuoso en un primer momento, pero a su vez esta representación en forma de hombre hace que el omnipotente Dios cristiano se acerque más a “lo terrenal” (el antropocentrismo era una pieza esencial en el Renacimiento y, sobre todo, en la representación de artistas como Miguel Ángel).

En cuanto a la acción, durante el primer día de la Creación, Dios se encuentra batallando entre el caos y, con sus dos manos extendidas, se representa la fuerza que tiene para poner orden y hacer surgir la luz de la palma de sus manos. Así, soportando el peso del cosmos, es capaz de separar el bien del mal, creando el día y la noche.

En el principio creó Dios los cielos y la tierra. La tierra era caos y confusión y oscuridad por encima del abismo, y un viento de Dios aleteaba por encima de las aguas. Dijo Dios: «Haya luz», y hubo luz. Vio Dios que la luz estaba bien, y apartó Dios la luz de la oscuridad: y llamó Dios a la luz «día», y a la oscuridad la llamó «noche». Y atardeció y amaneció: día primero. (Gn I, 1-5).



miércoles, 24 de febrero de 2021

LA CAPILLA SIXTINA 35 (HISTORIAS CENTRALES)

 

HISTORIAS CENTRALES





CREACIÓN DEL MUNDO

En la bóveda de la Capilla Sixtina, Miguel Ángel divide el espacio del centro para los diversos frescos a través de diez arcos fajones y dos cornisas, con lo que consigue crear tres registros con nueve espacios (tres espacios por cada registro).

La zona central de la bóveda relata nueve pasajes del Génesis, que están ubicados en sentido inverso (las escenas de Noé se encuentran junto a la puerta de entrada, mientras que las de la Creación se encuentran sobre la escena del Juicio Final, en el altar). Los espacios son de forma rectangular y con dos medidas diferentes (cuatro más grandes, mientras que los cinco restantes son de menor tamaño).

Cabe destacar que, en los frescos más pequeños, encontramos representadas diversas figuras de hombres desnudos, llamadas ignudi (se tratarán más adelante con detalle) que sostienen un total de diez medallones que narran secuencias de las historias de los Macabeos (los Libros de los Macabeos son relatos pertenecientes al Antiguo Testamento).

A la hora de hablar de los frescos, pues, lo haremos en la siguiente dirección: de este a oeste según la orientación del edificio.



El primer registro está dedicado a la intervención de Dios a la hora de crear el mundo a través de tres escenas que están ubicadas de manera desordenada, como se verá a continuación: La separación de la luz y la oscuridad, La creación del Sol, la Luna y las plantas y finalmente La separación del cielo y la tierra (en la imagen, están resaltados los frescos mencionados con los números 1, 2 y 3 respectivamente).