El Encuentro en el Horeb y la Identidad de los Poderosos
Tras su huida de Egipto, Moisés encuentra refugio en Madián (en la actual Arabia Saudita), integrándose en la familia de Jetró, descendiente también de Abraham. Es en este escenario desértico donde se produce el evento que cambiará el rumbo de la historia: el encuentro con la zarza ardiente en el monte Horeb.
¿Fenómeno Paranormal o Tecnología Elohim?
El relato describe una zarza que arde sin consumirse. La ciencia moderna ofrece hipótesis fascinantes: desde la combustión de aceites volátiles de la planta Dictamnus albus , hasta la presencia de sustancias psicoactivas como el DMT en ciertas acacias de la zona. El profesor Benny Shanon sugiere incluso que Moisés pudo experimentar una alteración de la conciencia similar a la producida por la ayahuasca.
Sin embargo, hay un detalle estratégico: el ser que habla desde la zarza prohíbe a Moisés acercarse y le ordena descalzarse. Como bien observamos, caminar descalzo entre espinos es una forma eficaz de mantener al testigo a una distancia prudencial, evitando que descubra la verdadera naturaleza del fenómeno.
La Jerarquía de los "Poderosos"
Un punto crucial es la confusión de términos: el texto salta de "ángel" a "Yahvé" y luego a "Elohim". Esto sugiere que Moisés no hablaba con un dios abstracto, sino con un representante de un grupo poderoso. Cuando Moisés pregunta por su nombre, la respuesta es evasiva: "Yo soy el que soy". Es probable que el interlocutor no fuera el jefe supremo (Yahvé), sino un subordinado que evitaba usar un nombre prohibido o que simplemente marcaba su posición de superioridad.
El Plan de los Elohim: Interés y Tecnología
La orden es clara: Moisés debe sacar a los israelitas de Egipto para llevarlos a una tierra "que mana leche y miel". Pero los Elohim no luchan directamente; envían a humanos a hacer el trabajo, asegurando su lealtad mediante el miedo y la promesa de riquezas (el oro y plata de los egipcios).
Incluso el concepto de "sacrificio" cobra un nuevo sentido bajo la luz de los textos sumerios. Lo que la religión llama rito, podría ser simplemente la forma en que estos seres (los Anunnaki) obtenían suministros, exigiendo que se asara carne en altares de piedra para saciar su propio apetito. Si aceptamos que poseían tecnología avanzada —capaz de realizar "prodigios" similares a efectos atómicos como en Sodoma—, el Éxodo deja de ser un cuento de hadas para convertirse en una operación de rescate y traslado dirigida por una inteligencia superior con intereses muy concretos.
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