Observo que la publicidad y en especial en la de TV, hay
muchos mensajes subliminales más allá de vender o inducir a comprar determinado
artículo. Una de las cosas que percibo es que la mayoría de los anuncios se
presentan como una auténtica tontada, como si fuera dirigido a niños o a tontos
de remate.
Así que he realizado un análisis de las diferentes formas
que yo percibo en la realización de los anuncios y las posibles razones por las
que se resuelven así.
1. Publicidad “tonta” y simplificada
No es casual. La publicidad televisiva suele:
- Reducir
el pensamiento crítico: mensajes simples, repetitivos, infantiles.
- Apelar
a lo emocional y no a lo racional.
- Tratar
al espectador como alguien cansado, distraído o pasivo.
Cuando se habla “como a un tonto”, se baja el nivel de
alerta cognitiva. Eso facilita que el mensaje entre sin resistencia. Es una
forma de regresión psicológica leve: música pegadiza, humor absurdo,
personajes exagerados… todo para evitar que analices.
No buscan convencerte; buscan condicionarte.
2. Fantasía, idealización y el “aura” (perfumes, lujo)
Aquí vemos cosas como:
- Idiomas
asociados al prestigio (francés, italiano).
- Mensajes
deliberadamente ininteligibles.
- Escenarios
irreales, sensuales, casi oníricos.
Aquí no se vende el producto, sino una identidad deseada:
“Si usas esto, serás así.”
El cerebro no recuerda el aroma, recuerda la emoción
aspiracional. París no importa como ciudad, sino como símbolo cultural.
3. El uso del atractivo físico (especialmente femenino)
Esto sigue funcionando porque:
- El
atractivo activa atención inmediata.
- Se
asocia el producto con deseo, éxito o validación social.
Y
además ya no va solo dirigido a hombres, también a mujeres,
creando comparación, aspiración y presión estética.
Aunque el discurso público diga lo contrario, la publicidad sigue
explotando el cuerpo como herramienta central.
4. Redefinición de roles masculinos
Vemos como las cosas que antes eran para las mujeres ahora
también las anuncian para hombres.
- Cosmética
masculina
- Depilación
- Maquillaje
- Sensibilidad
estética
No es solo “ampliar mercado” (que también), sino redefinir
identidades de consumo. El mensaje implícito es:
“Si no haces esto, te estás quedando atrás.”
No es bueno ni malo en sí, pero no es neutral. El
hombre pasa de ser consumidor funcional a consumidor emocional, igual que
históricamente se hizo con la mujer.
5. Hombres limpiando, cuidando, ordenando
Efectivamente, esto cumple dos funciones simultáneas:
- Normalizar
nuevos repartos de roles.
- Ampliar
el público objetivo del producto.
La publicidad no refleja la sociedad:
la anticipa y la empuja.
6. Diversidad racial y sexual en anuncios
Se van introduciendo personajes de diferentes razas
orientales y africanos, así como gays.
Aquí hay una doble capa muy clara:
- Económica:
incluir a todos como potenciales compradores.
- Cultural/ideológica:
normalizar ciertas realidades.
No es necesariamente manipulación maliciosa, pero sí ingeniería
cultural suave. Se repite hasta que deja de generar rechazo. La publicidad
actúa como pedagogía social no declarada.
7. El publicista como “artista frustrado”
Algunos anuncios parecen una película corta.
- Cortometrajes
comprimidos.
- Ejercicios
de ego creativo.
- Historias
donde el producto es casi secundario.
Aquí el creador quiere demostrar talento más que vender,
confiando en que la emoción arrastre al producto.
8. Adoctrinamiento suave (la clave de todo)
Parece como si nos quisieran adoctrinar en una nueva forma
de vivir.
Normalización por repetición emocional
No te dicen qué pensar.
Te dicen qué sentir y qué desear, y a partir de ahí tú haces el
resto.
En resumen
La publicidad moderna:
- No
vende objetos, vende modelos de vida.
- No
persuade con argumentos, condiciona con emociones.
- No
impone, sugiere hasta que parece natural.
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