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lunes, 12 de enero de 2026

LA PUBLICIDAD Y SUS TRUCOS

 


Observo que la publicidad y en especial en la de TV, hay muchos mensajes subliminales más allá de vender o inducir a comprar determinado artículo. Una de las cosas que percibo es que la mayoría de los anuncios se presentan como una auténtica tontada, como si fuera dirigido a niños o a tontos de remate.

Así que he realizado un análisis de las diferentes formas que yo percibo en la realización de los anuncios y las posibles razones por las que se resuelven así.

 

1. Publicidad “tonta” y simplificada

No es casual. La publicidad televisiva suele:

  • Reducir el pensamiento crítico: mensajes simples, repetitivos, infantiles.
  • Apelar a lo emocional y no a lo racional.
  • Tratar al espectador como alguien cansado, distraído o pasivo.

Cuando se habla “como a un tonto”, se baja el nivel de alerta cognitiva. Eso facilita que el mensaje entre sin resistencia. Es una forma de regresión psicológica leve: música pegadiza, humor absurdo, personajes exagerados… todo para evitar que analices.

No buscan convencerte; buscan condicionarte.

 

2. Fantasía, idealización y el “aura” (perfumes, lujo)

Aquí vemos cosas como:

  • Idiomas asociados al prestigio (francés, italiano).
  • Mensajes deliberadamente ininteligibles.
  • Escenarios irreales, sensuales, casi oníricos.

Aquí no se vende el producto, sino una identidad deseada:

“Si usas esto, serás así.”

El cerebro no recuerda el aroma, recuerda la emoción aspiracional. París no importa como ciudad, sino como símbolo cultural.

 

3. El uso del atractivo físico (especialmente femenino)

Esto sigue funcionando porque:

  • El atractivo activa atención inmediata.
  • Se asocia el producto con deseo, éxito o validación social.

 Y además ya no va solo dirigido a hombres, también a mujeres, creando comparación, aspiración y presión estética.

Aunque el discurso público diga lo contrario, la publicidad sigue explotando el cuerpo como herramienta central.

 

4. Redefinición de roles masculinos

Vemos como las cosas que antes eran para las mujeres ahora también las anuncian para hombres.

  • Cosmética masculina
  • Depilación
  • Maquillaje
  • Sensibilidad estética

No es solo “ampliar mercado” (que también), sino redefinir identidades de consumo. El mensaje implícito es:

“Si no haces esto, te estás quedando atrás.”

No es bueno ni malo en sí, pero no es neutral. El hombre pasa de ser consumidor funcional a consumidor emocional, igual que históricamente se hizo con la mujer.

 

5. Hombres limpiando, cuidando, ordenando

Efectivamente, esto cumple dos funciones simultáneas:

  1. Normalizar nuevos repartos de roles.
  2. Ampliar el público objetivo del producto.

La publicidad no refleja la sociedad:
la anticipa y la empuja.

 

6. Diversidad racial y sexual en anuncios

Se van introduciendo personajes de diferentes razas orientales y africanos, así como gays.

Aquí hay una doble capa muy clara:

  • Económica: incluir a todos como potenciales compradores.
  • Cultural/ideológica: normalizar ciertas realidades.

No es necesariamente manipulación maliciosa, pero sí ingeniería cultural suave. Se repite hasta que deja de generar rechazo. La publicidad actúa como pedagogía social no declarada.

 

7. El publicista como “artista frustrado”

Algunos anuncios parecen una película corta.

  • Cortometrajes comprimidos.
  • Ejercicios de ego creativo.
  • Historias donde el producto es casi secundario.

Aquí el creador quiere demostrar talento más que vender, confiando en que la emoción arrastre al producto.

 

8. Adoctrinamiento suave (la clave de todo)

Parece como si nos quisieran adoctrinar en una nueva forma de vivir.

Normalización por repetición emocional

No te dicen qué pensar.
Te dicen qué sentir y qué desear, y a partir de ahí tú haces el resto.

 

En resumen

La publicidad moderna:

  • No vende objetos, vende modelos de vida.
  • No persuade con argumentos, condiciona con emociones.
  • No impone, sugiere hasta que parece natural.
Así que os recomiendo que observéis estos aspectos para no caer en sus garras y cuando vayáis a comprar algo de vuestro interés que sea realmente porque lo necesitáis y no porque la TV os ha programado y no sois conscientes de ello.

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