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domingo, 2 de febrero de 2025

SOBRE LA CREACIÓN DEL UNIVERSO





Comencemos por decir que la nada absoluta no existe. Lo que llamamos vacío, incluso en laboratorios con bombas de vacío, nunca es un vacío absoluto, ya que siempre quedan partículas subatómicas y radiación cuántica. En el espacio interestelar tampoco encontramos vacío puro: hay partículas elementales, fotones y campos electromagnéticos. Además, existe la materia oscura, cuya naturaleza aún es desconocida, pero cuya influencia gravitatoria es medible en la estructura del universo.

Energía, materia y la naturaleza del universo

La física moderna nos dice que todo lo que existe es energía en distintas formas. Einstein, con su famosa ecuación E=mc2, demostró que la materia y la energía son manifestaciones de una misma realidad. El universo entero es energía en constante transformación, aunque nuestros sentidos solo captan una fracción de esta realidad, pues estamos limitados a un rango específico de percepción sensorial y electromagnética.

Si consideramos lo que había antes del Big Bang, la cosmología sugiere que la energía primigenia del universo estaba concentrada en un estado de altísima densidad y temperatura. A partir de esa singularidad inicial, ocurrió una expansión que dio origen al espacio-tiempo. Este evento no solo creó la materia, sino también el espacio en el que esta materia existe y el tiempo que mide su evolución. Según la teoría de la inflación cósmica, propuesta por Alan Guth y otros físicos, el universo experimentó una expansión exponencial en sus primeros instantes, lo que explicaría la homogeneidad observada en la radiación cósmica de fondo.

El problema de la información en el origen del cosmos

Una de las grandes incógnitas es cómo, partiendo de un estado inicial aparentemente amorfo, surgieron las estructuras ordenadas que vemos en el universo: galaxias, estrellas, planetas y, eventualmente, la vida. Esto sugiere que la energía primigenia no solo contenía potencial para transformarse, sino también un conjunto de propiedades fundamentales que guiaron su evolución.

Aquí entra en juego el concepto de información. En la física moderna, la información es fundamental para describir sistemas físicos. Por ejemplo, en la mecánica cuántica, el estado de un sistema se describe mediante una función de onda que codifica toda su información. Según la termodinámica de la información, postulada por físicos como Rolf Landauer y Stephen Hawking, la información no se destruye, sino que se transforma. Esto plantea la pregunta: ¿estaba esta información presente desde el inicio, como un código primigenio que dirigió la evolución del cosmos?

Algunos científicos, como el físico John Wheeler, han propuesto la idea de que "todo es información" (it from bit), sugiriendo que la estructura del universo emerge de relaciones de información en lugar de simplemente materia y energía.

Un universo con leyes como si fuera un "programa"

Si aceptamos que el universo sigue leyes naturales precisas, podemos hacer un paralelismo con los sistemas computacionales. Un algoritmo es un conjunto de reglas que determinan cómo evoluciona un sistema. De manera análoga, las constantes fundamentales del universo (como la velocidad de la luz, la constante gravitacional y la carga del electrón) pueden interpretarse como "parámetros" que determinan su comportamiento. Pero esto no significa necesariamente que exista un "programa" en el sentido de un código escrito por un programador, sino que las leyes de la física actúan como principios estructurales del cosmos.

Esta perspectiva se acerca al panenteísmo científico, una visión filosófica en la que Dios o una inteligencia suprema no es un ser externo al universo, sino que es el universo mismo y sus leyes.

¿Dios o Inteligencia Suprema?

Si queremos, podemos llamar Dios a este conjunto de energía, información y leyes que rigen el universo. Esto nos llevaría a una visión más filosófica que religiosa, alejándonos de las representaciones antropomórficas de las religiones tradicionales. En este caso, Dios no sería un ser con emociones humanas, sino la totalidad de la existencia misma. Algunos científicos y filósofos como Spinoza, Einstein y Carl Sagan han sostenido visiones similares, en las que el universo es sagrado en sí mismo sin necesidad de una figura sobrenatural intervencionista.

Esta concepción no requiere milagros ni fenómenos sobrenaturales. Todo lo que ocurre en el universo sigue las leyes de la naturaleza, aunque algunas cosas aún no las comprendamos completamente. La ciencia avanza descubriendo estas "líneas de código" del universo, pero esto no implica que haya una voluntad consciente detrás de ellas, sino que el cosmos funciona bajo principios inherentes.

Conciencia y responsabilidad individual

A diferencia de las religiones que presentan a un Dios que premia o castiga, en esta visión, el universo no interviene en la vida humana con recompensas o castigos. La conciencia y la memoria individual permiten que cada ser humano evalúe sus propias acciones. Además, la causalidad –explicada por la "ley de causa y efecto" en la física y la filosofía– nos muestra que nuestras acciones generan consecuencias naturales.

¿Por qué existe el universo?

Una posible respuesta a la existencia del universo es que la inteligencia, para desarrollarse, necesita de la creación. La eternidad, entendida como un estado estático y sin cambio, no permitiría evolución ni aprendizaje. Quizás por esta razón existimos en un universo dinámico donde las estructuras complejas pueden emerger y evolucionar.

La física aún no tiene una respuesta definitiva sobre por qué existe algo en lugar de nada. Algunas teorías sugieren que el universo podría haber surgido de fluctuaciones cuánticas en el vacío, otras que el tiempo es cíclico y que los universos nacen y mueren en un eterno renacer. Pero independientemente de la teoría, lo que es claro es que la inteligencia y la existencia misma parecen depender de la transformación y el cambio.

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