Aunque este es un tema al que he dedicado muchas horas y hace décadas que empecé a informarme, no significa que yo haya encontrado la solución a esta incógnita. En el mejor de los casos puedo acercarme, pero nada más.
Como veréis, en mis planteamientos, coincido con muchos de vosotros en ciertos parámetros.
Intentaré resumir lo más posible la información de que dispongo, pues he ido escribiendo diversos artículos que publiqué en su día y el pasado año publiqué tres libros sobre EL UNIVERSO PROGRAMADO.
Energía, materia y la naturaleza del universo
La física moderna nos dice que todo lo que existe es energía en distintas formas. Einstein, con su famosa ecuación E=mc2, demostró que la materia y la energía son manifestaciones de una misma realidad. El universo entero es energía en constante transformación, aunque nuestros sentidos solo captan una fracción de esta realidad, pues estamos limitados a un rango específico de percepción sensorial y electromagnética con nuestros sentidos.
Si consideramos lo que había antes del Big Bang, la cosmología sugiere que la energía primigenia del universo estaba concentrada en un estado de altísima densidad y temperatura. A partir de esa singularidad inicial, ocurrió una expansión que dio origen al espacio-tiempo. Este evento no solo creó la materia, sino también el espacio en el que esta materia existe y el tiempo que mide su evolución. Según la teoría de la inflación cósmica, propuesta por Alan Guth y otros físicos, el universo experimentó una expansión exponencial -inflación- en sus primeros instantes, lo que explicaría la homogeneidad observada en la radiación cósmica de fondo.
El problema de la información en el origen del cosmos
Una de las grandes incógnitas es cómo, partiendo de un estado inicial aparentemente amorfo, surgieron las estructuras ordenadas que vemos en el universo: galaxias, estrellas, planetas y, eventualmente, la vida. Esto sugiere que la energía primigenia no solo contenía potencial para transformarse, sino también un conjunto de propiedades fundamentales que guiaron su evolución.
Aquí entra en juego el concepto de información. En la física moderna, la información es fundamental para describir sistemas físicos. Por ejemplo, en la mecánica cuántica, el estado de un sistema se describe mediante una función de onda que codifica toda su información. Según la termodinámica de la información, postulada por físicos como Rolf Landauer y Stephen Hawking, la información no se destruye, sino que se transforma. Esto plantea la pregunta: ¿estaba esta información presente desde el inicio, como un código primigenio que dirigió la evolución del cosmos?
Algunos científicos, como el físico John Wheeler, han propuesto la idea de que "todo es información" (it from bit), sugiriendo que la estructura del universo emerge de relaciones de información en lugar de simplemente materia y energía.
Un universo con leyes como si fuera un "programa"
Si aceptamos que el universo sigue leyes naturales precisas, podemos hacer un paralelismo con los sistemas computacionales.
Un algoritmo es un conjunto de reglas que determinan cómo evoluciona un sistema. De manera análoga, las constantes fundamentales del universo (como la velocidad de la luz, la constante gravitacional y la carga del electrón) pueden interpretarse como "parámetros" que determinan su comportamiento. Pero esto no significa necesariamente que exista un "programa" en el sentido de un código escrito por un programador, sino que las leyes de la física actúan como principios estructurales del cosmos.
Esta perspectiva se acerca al panenteísmo científico, una visión filosófica en la que Dios o una inteligencia suprema no es un ser externo al universo, sino que es el universo mismo y sus leyes.
¿Dios o Inteligencia Suprema?
Si queremos, podemos llamar Dios a este conjunto de energía, información y leyes que rigen el universo. Esto nos llevaría a una visión más filosófica que religiosa, alejándonos de las representaciones antropomórficas de las religiones tradicionales. En este caso, Dios no sería un ser con emociones humanas, sino la totalidad de la existencia misma. Algunos científicos y filósofos como Spinoza, Einstein y Carl Sagan han sostenido visiones similares, en las que el universo es sagrado en sí mismo sin necesidad de una figura sobrenatural intervencionista.
Esta concepción no requiere milagros ni fenómenos sobrenaturales. Todo lo que ocurre en el universo sigue las leyes de la naturaleza, aunque algunas cosas aún no las comprendamos completamente. La ciencia avanza descubriendo estas "líneas de código" del universo, pero esto no implica que haya una voluntad consciente detrás de ellas, sino que el cosmos funciona bajo principios inherentes.
Llevando esta analogía al cosmos, podemos imaginar que el universo se comporta como un sistema programado: con reglas, funciones, parámetros, entradas y salidas. Las leyes físicas que rigen la materia, la energía, la gravedad, el electromagnetismo, e incluso la evolución biológica, podrían ser entendidas como "líneas de código" escritas en el lenguaje fundamental del universo.
Físicos como John Archibald Wheeler propusieron la idea de que "todo es información": It from bit. En esta visión, cada partícula, campo o fuerza sería la manifestación de bits de información actuando en red. Esta teoría implica que lo que percibimos como realidad material es el resultado de interacciones de información codificada.
La teoría cuántica también refuerza esta idea. El estado de un sistema cuántico se describe mediante una función de onda, que contiene toda la información posible sobre dicho sistema. Además, según la termodinámica de la información, postulada por Rolf Landauer, la información tiene un coste energético y no puede destruirse, solo transformarse.
En este contexto, podríamos pensar que desde el momento cero del universo, no solo existía energía, sino también información y una especie de "programa maestro" que guio su evolución.
La noción de un universo programado también resuena con el panenteísmo: la idea de que Dios no es externo al universo, sino que lo abarca completamente, estando en todo lo existente. En esta visión, Dios o la Inteligencia Suprema no es un ser antropomórfico, sino el conjunto total de energía, información, leyes y conciencia que forman el cosmos.
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