jueves, 21 de enero de 2021

LA CAPILLA SIXTINA 18 (Judit y Holofernes)

 

LAS PECHINAS

 


Quedaron en la tienda sólo Judit y Holofernes, desplomado sobre su lecho y rezumando vino (Judit 13, 2)... Avanzó, después, hasta la columna del lecho que estaba junto a la cabeza de Holofernes, tomó de allí su cimitarra, y acercándose al lecho, agarró la cabeza de Holofernes por los cabellos y dijo: "¡Dame fortaleza, Dios de Israel, en este momento!". Y, con todas sus fuerzas, le descargó dos golpes sobre el cuello y le cortó la cabeza (Judit 13, 6-8)... y saliendo entregó la cabeza de Holofernes a su sierva... (Judit 13, 9)

En el Antiguo Testamento se narra el episodio de Judit que salvó su ciudad Betulia del asedio de Holofernes, general del rey babilónico Nabucodonosor, dándole muerte después de un banquete durante el cual le habían embriagado, decapitándolo y llevando más tarde la cabeza a sus conciudadanos (Judit caps. 10-13). El episodio se encuentra representado en tres escenas: a la izquierda, están las guardias dormidas; en el centro, Judit y la sierva que cubren la cabeza del muerto con un paño, presunto retrato de Miguel Ángel; por último, a la derecha, se ve el cuerpo de Holofernes mutilado.

 

 


 

El cuarto fresco pertenece al Libro de Judit y se titula Judit y Holofernes.
Durante la guerra entre el ejército judío y el babilónico (dirigido por Nabucodonosor), el rey de Babilonia envía a uno de sus generales, Holofernes, para que acabe con el pueblo de Israel.
Judit se da cuenta de que Holofernes parece haberse enamorado de ella, por lo que, en una falsa maniobra de seducción, entra en el campamento enemigo sin ser vista y, después de entrar en la tienda de campaña del general, consigue embriagarle y posteriormente le decapita. La cabeza de Holofernes es transportada por una de las criadas de Judit.
El fresco muestra a la izquierda a un guardia dormido, a la derecha a Holofernes ya decapitado y en el centro, la cabeza del general es transportada por Judit (vestida de blanco) y por su sirvienta (vestida de amarillo) encima de una bandeja en vez de estar envuelta en un hatillo (paquete hecho de telas envueltas). La cabeza de Holofernes podría ser un retrato del propio Miguel Ángel.

También cabe destacar la presencia de la sirvienta, que ayuda al espectador a identificar que la protagonista es Judit y no Salomé, ya que podría crear confusiones por la similitud de sus actos (ambas decapitan a un hombre).
Cuando se hizo tarde, sus oficiales se apresuraron a retirarse y Bagoas cerró la tienda por el exterior, después de haber apartado de la presencia de su señor a los que todavía quedaban; y todos se fueron a dormir, fatigados por el exceso de bebida; quedaron en la tienda tan solo Judit y Holofernes, desplomado sobre su lecho y rezumando vino. Judit había mandado a su sierva que se quedara fuera de su dormitorio y esperase a que salieran, como los demás días. Porque, en efecto, ella había dicho que saldría para su oración y en este mismo sentido había hablado a Bagoas. Todos se habían retirado; nadie, ni grande ni pequeño, quedó en el dormitorio. Judit, puesta de pie junto al lecho, dijo en su corazón:«¡Oh Señor, Dios de toda fuerza! Pon los ojos, en esta hora, a la empresa de mis manos para la exaltación de Jerusalén. Es la ocasión de esforzarse por tu heredad y y hacer que mis decisiones sean la ruina de los enemigos que se alzan contra nosotros». Avanzó, después, hasta la columna del lecho que estaba junto a la cabeza de Holofernes, tomó de allí su cimitarra, y acercándose al lecho, agarró la cabeza de Holofernes por los cabellos y dijo:«¡Dame fortaleza, Dios de Israel, en este momento!». Y, con todas sus fuerzas, le descargó dos golpes sobre el cuello y le cortó la cabeza. Después hizo rodar el tronco fuera del lecho, arrancó las colgaduras de las columnas y saliendo entregó la cabeza de Holofernes a su sierva, que la metió en la alforja de las provisiones. Luego salieron las dos juntas a hacer la oración, como de ordinario, atravesaron el campamento, contornearon el barranco, subieron por el monte de Betulia y se presentaron ante las puertas de la ciudad. (Jdt 13, 1-10).

 

 

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