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jueves, 27 de noviembre de 2025

JOSÉ LUIS GARCÍA FINCIAS Y SU PINTURA

 



Cuando contemplamos una obra de Fincias, lo primero que vemos son colores intensos, puros, sin mezcla previa. Produce la sensación de que son salpicaduras de color, lanzadas con esas pistolas usadas en entrenamiento militar, conocidas como marcadoras de paintball.



Los colores son primarios y secundarios, lo que nos recuerda al espectro de la luz solar, al arco iris, solo que en vez de bandas de color son manchas, fragmentos, como si el prisma que descompone la luz no fuera un prisma regular, sino que estuviera compuesto por fragmentos de cristal de diverso tamaño y forma, para así proyectar los colores fragmentados y de tamaño variable.



Es como si Fincias cogiera el arco iris, lo hiciera trozos y estos los fuera colocando sobre el lienzo.

Luego nos fijamos y vemos un dibujo impecable, bien construido, con una representación clásica, de una realidad veraz, que convence.

Cuando suelta el color, sea con pincel, sea con espátula, va colocando esas manchas matéricas, unas al lado de otras o superpuestas, de tal manera que la combinación de cálidos y fríos, nos dan sensación de volumen, aunque no existan sombras propiamente dichas.



Luego hay trazos finos y largos, tal como los ilustradores y dibujantes de cómic representan el viento, la velocidad y el desplazamiento rápido de objetos o puños.
Y finalmente aparecen una serie de garabatos infantiles, tal como hacíamos de niños en los papeles o incluso en las paredes y que, normalmente, en las obras de Fincias, son en color blanco, como de tiza.



Aunque no quiero ponerle nombre, su estilo se caracteriza por una representación gestual y dinámica, enfocándose en la emoción y la intensidad del color, semejante a un caleidoscopio, sobre la representación realista que atrapa al espectador.

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