La pintura de Valladares es como una ventana a través de la
cual vemos un paisaje unas frutas, una mesa vieja desconchada la pintura, una
vasija de cristal conteniendo frutas o agua, transparentándose las flores que
hay detrás, una paisaje, una calle donde la niebla hace desaparecer el final,
un torero con su traje de luces, unos libros pegados a una vieja máquina de
escribir y nos hace creer que es real, que es tangible, que podemos palpar y
coger lo que vemos. Hasta los trozos de pan cortado nos inducen a cogerlo y
comerlo.
Todo esto sucede porque su realismo va más allá de la
fotografía, es auténtico.
Evidentemente si nos parece tan real es porque el dibujo que
sustenta lo representado es exacto y en los paisajes se observa una perspectiva
lineal y aérea dando una sensación verdadera de profundidad y los toques de
pincel no se perciben como tales pues la imagen se ajusta a la realidad.
Pero hay algo más sublime aún: La mayoría de las obras que
conozco están resueltas a la acuarela, pero su perfeccionismo es tal que, si no
ves las obras en directo, en vivo, si las ves en fotografía, es imposible
distinguir cuando están resueltas con óleo y cuando con acuarela.
En su trabajo puede comprobarse que domina absolutamente las
texturas, esa sensación táctil que produce la imagen de lo representado. Así
una pera es una pera, en un mantel podemos identificar el tipo de tela
representada, los hilos de oro del traje de luces del torero, el cristal de las
vasijas y especialmente la madera de las mesas con las muescas y cortes
producidos. La sensación de la pintura desprendida de la madera es tan
auténtica que te dan ganas de coger una lija y comenzar a lijar para luego
darle una capa de pintura a la mesa.
La composición es un recital de figuras geométricas que
encorsetan a los elementos representados tales como cuadriláteros, espirales,
círculos…A esta forma de trabajar la pintura le llaman HIPERREALISMO pero yo le
llamaría ILUSIONISMO VOLUMÉTRICO o REALISMO VIRTUAL.
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