martes, 17 de noviembre de 2020

LAS ARTES PLÁSTICAS HOY

 


Todos  sabemos que en el Gótico los artistas plásticos de renombre vivían principalmente gracias a la Iglesia. Así siguió hasta el Renacimiento en que los Reyes y los mandamases se unieron a esta corriente como forma de demostrar su poderío económico y por tanto político. En el Barroco se sumó la nobleza que quisieron demostrar también su poderío. En cualquiera de los casos no significaba que los que encargaban obras de arte fueran entendidos sino que buscaban prestigio a través de las obras adquiridas, aunque siempre había algunos que les gustaba el arte y disfrutaban de él.

Ya en el siglo XVIII y especialmente el XIX empiezan a proliferar los comerciantes de arte que luego derivan en Galerías de Arte y esta tendencia ha proliferado de manera abundante hasta hace unas décadas en que debido a las crisis financieras tuvieron que cerrar muchas de ellas y, las que quedaron, en su mayoría, ya no cumplen los requisitos y funciones de antes con lo que se han vuelto inútiles para los artistas.

Durante el siglo XX una galería de arte cumplía varias funciones: La más visible era exponer en una sala las obras del pintor o escultor con el fin de venderlas, pero esto sirve de poco si no realiza otras labores que lleven al potencial comprador a la sala y una vez dentro se le “vende” la obra. Había una labor de marketing hábilmente construida a lo largo de los años acumulando una lista de clientes antiguos con nota de sus particulares gustos en arte, su capacidad económica, etc. a los que se les enviaba un catálogo ilustrado de la futura exposición a realizar. Estos mismos catálogos existían en la galería a disposición de los visitantes de forma gratuita. Simultáneamente hacía la labor de marchantes ofreciendo las obras por otros lugares, especialmente del extranjero, donde se entregaban dosieres de los artistas con toda la información sobre el artista, su obra y su trayectoria, buscando hacer exposiciones en el extranjero en lugares de prestigio reconocido. Se anunciaban en la prensa las exposiciones en un listado resumido y además en revistas del ramo con fotografías incluidas. Como clientes estaban la burguesía formada por ricos comerciantes y dirigentes de importantes empresas siendo algunos de ellos coleccionistas. Por los años 70 recuerdo un anuncio que apareció en todos los periódicos de tirada nacional que decía más o menos “ Necesito pintura de arte de medidas aproximadas 140x116 de firma reconocida con buena proyección en su carrera. Presupuesto 500.000 pesetas” A partir de aquí los galeristas comenzaron a “vender” la idea de que sus pintores llevaban una buena trayectoria asegurando que sus obras se revalorizaban cada año. Los pintores muy disgustados, especialmente si no entraban en ese grupo, porque su obra no la adquiriese un amante del arte sino un especulador de valores.



Toda esta labor se desarrollaba de forma individualizada para cada artista, las exposiciones eran individuales. Al igual que la Galería disponía de ese listado de clientes, tenía también un listado de artistas con los que trabajaba en exclusiva.

Las condiciones impuestas a los artistas, en algún caso podrían ser leoninas, llevándose hasta el 60 % de las ventas y cobrando al artista una buena cantidad por exponer 15 días. Pero lo cierto es que había otras que incluso arriesgaban no cobrándole sino solo a través de las ventas y cuando esto no daba, quedándose con unos cuadros como pago, aparte podían tener varias obras en depósito para ver la forma de colocarlas aunque no estuviera exponiendo este artista. De hecho yo tengo varias obras en una galería de Málaga en depósito por petición de la Directora de la Galería.

Se realizaban exposiciones colectivas, solo a final de temporada, en el mes de Junio, con las obras en depósito de diferente artistas.

Hoy, la mayoría de las galerías realizan exposiciones colectivas sin ningún tipo de marketing, salvo la difusión de su cartel en Facebook e Instagram, ya no hay catálogos, salvo alguno que lo hace digital y por tanto ya no existe el marchante ni nada que se le parezca, salvo que los mismos que organizan exposiciones aquí, se ponen de acuerdo con galerías de otros países o bien otros centros de diferente índole, caseríos, hoteles, edificios emblemáticos, etc. y hacen las mismas exposiciones colectivas que aquí. Ahora la publicidad y el marketing ya no se dirige a los potenciales compradores sino a los mismos artistas que son los auténticos clientes de estas galerías. Así sus ganancias proceden de los artistas y no de las ventas de obras, pues la realidad es que no venden nada, lo cual es lógico pues si no siembras no puedes obtener cosecha, independientemente de que el mercado ha cambiado.

Además, en las inauguraciones, nos encontramos los artistas que exponemos en compañía de amigos y familiares y desde luego ningún comprador potencial. Entre todos pasamos una buena velada viendo arte y disfrutando de amenas charlas con los colegas normalmente de arte pero también de otros temas, tomamos unas copichuelas y nos vamos todos muy contentos a casa por “el deber cumplido”.

Lo cierto es que, durante el tiempo de la exposición, poquísima gente visitará la galería y nadie con la intención de comprar, salvo honrosas excepciones.

Lo cierto es que para la mayoría de los artistas, no tiene mucho sentido crear obras si no van a ser expuestas, pero acepta que no se venda y aun así expone. Esta es la situación que aprovechan estas galerías para seguir trabajando aunque para ellos tampoco sea especialmente rentable.


Paralelo a estas galerías, varios artistas, asociaciones de artistas y otros que no son ni artistas ni galeristas, organizan exposiciones, bien alquilando salas para exponer, o utilizando las que los ayuntamientos y otros estamentos tienen disponibles para esta función, la mayoría son gratis y algunas son de alquiler. En ninguno de los casos hay un trabajo de marketing salvo realizar un cartel que se comparte en las redes o bien en papel que se pone en la fachada de la sala en cuestión.

Yo, a título individual, he hecho el experimento de exponer en algunas salas correspondientes a los Centros Culturales de Madrid, regida por los distritos realizando exposiciones individuales, solo obra mía y de entrada para la inauguración no asiste nadie a la misma o solo contados amigos. La exposición la ven, casi en exclusiva, los asistentes a los Centros Culturales a las diversas actividades que estos tienen y de paso las ven. Excepcionalmente puede visitarlas algunas personas que viven en la zona y tienen inquietudes artísticas.

Y con todo este panorama resulta que, generalmente, aquel que se decide a preguntar por el precio de una determinada obra enseguida busca una rebaja, empieza a regatear el precio como si la galería fuese El Rastro o la subasta del pescado. A alguno ya le dije si “cuando va a comprarse un televisor le regatea el precio al tendero”.

Y ahora viene la pregunta del millón, con las condiciones actuales ¿para qué sirve al artista exponer? ¿Qué consigue con ello?

La realidad es que no se vende nada y solo algunas veces se vende un cuadro o dos, por lo tanto es una auténtica lotería.

Yo creo que no queremos ver la realidad y entendemos que pintamos para exponer, para que se vea nuestro trabajo y, aunque la vea poca gente, sin mucho interés y con menos conocimiento, seguimos empeñados en exponer y como nos juntamos los colegas y pasamos un buen rato, seguimos la rutina sin atrevernos a romperla.

Yo entiendo que nuestro interés máximo debería estar en que la viera gente que sabe de arte y que podría ayudarnos a proyectarnos en el mundo del arte, luego que la vea mucha gente para que todos conozcan nuestro trabajo y lo disfruten, seguido de la posibilidad de ventas, al menos para paliar los gastos que nos lleva todo el material y la verdad es que nada de esto sucede. Así que para que la vean como mucho 40 personas y esto pocas veces, y nada de gente entendida y menos dispuestos a comprar, no veo el interés de exponer. Si quiero enseñar a mis amigos mis trabajos los invito a mi casa a tomar una cerveza, charlamos y comentamos y ya está.

Yo no tengo especial interés en que mis colegas vean mi trabajo, puedo tenerlo en ver el suyo si lo que hacen me satisface pero nada más, pues luego tenemos los factores de siempre, los egos –cada uno tenemos el nuestro-, los criterios- todo lo que hagan los demás diferente de lo que hago yo no me parece bien-, las envidias –este se cree que pinta mejor que yo cuando realmente es al revés-, etc. Ni siquiera hay una conversación o transmisión que te permita mejorar por los conocimientos que los colegas te transmitan, bien sea por evitar choques emocionales o simplemente porque no sabe o no quiere contarte nada y cuando intentas algo de esto, el aludido se ofende y te dice o piensa ¿Quién te crees tú que eres?

Sin embargo, en Facebook, la mayoría de los ME GUSTA  y comentarios proceden de nuestros propios colegas pues la mayoría del resto de la gente no tiene interés por la pintura ni la escultura, y esto es así o al menos es lo que yo creo. Por tanto trabajamos por amor al arte y no tenemos ninguna posibilidad de proyectarnos más allá, salvo que tropecemos con el marchante, cazatalentos, impulsor que esté dispuesto a promocionarnos, a lanzarnos y que tenga las características y contactos necesarios para ello.

La gran ventaja de las redes Facebook e Instagram, especialmente, está en que todos los que pintan y esculpen, lleven mucho tiempo o poco, lo hagan muy bien o menos bien, sepan más o menos, exponen sus trabajos y sienten la satisfacción de que hay mucha gente que les sigue y les estimula. El problema puede venir en el hecho de que, como todo el mundo le alaba, se llegue a creer que ya ha alcanzado la consagración como artista. Esta es una actividad o profesión en la que hay que estar estudiando siempre, no hay ciencia infusa ni toque divino.

Y podemos hablar de los concursos de artes plásticas que, en los importantes, sí suelen estar algunos cazatalentos, directores de importantes Galerías de Arte y de Museos de Arte Contemporáneo, para llevar luego a sus salas a los ganadores, aunque tienen el problema de que, normalmente, los ganadores están fijados de antemano y utilizan el concurso como trampolín. Los concursos de segunda fila no sirven para nada, en mi opinión, tal vez para el currículum y los 500 a 2.000 € que se llevan los ganadores. Los concursos que hacen determinadas asociaciones de artistas y que el premio es solo un trofeo o certificado, solo le sirve a la asociación, para cuadrar el presupuesto de su financiación.

También están las Ferias de segundo nivel donde pagas tu estand y te buscas la vida o bien hay asociaciones que reservan un grupo de stands y luego te ofrecen sus servicios, ocupándose de todo mediante una cuota adicional a la estándar. Este verano expuse en Marbella y Sotogrande de esa forma y me encontré con que mis cuadros gustaron muchísimo pero nadie estuvo dispuesto a pagar lo que pedía y eso que, desde mi punto de vista, pedía por debajo de lo justo. También las galerías te ofrecen participar en ferias en España y en el extranjero pero tienes que pagar por cuadro de 3 a 5 veces lo que te cobran aquí en galería y tampoco se vende. 


Por mucho que se quiera, el arte no se democratiza, pues poca gente está dispuesta a gastarse ni siquiera 100 € en una pintura pues prefiere comprarse una lámina por 30 € aunque luego se gaste 100 en el marco, para aparentar. No se valora porque no se sabe, por tanto habría que empezar por formar o al menos informar, de que va esto del arte, para que todo el mundo pueda disfrutar al máximo de él y no conformarse con mirar estéticamente como cuando vemos un álbum de fotografías, mero pasatiempo y satisfacción de la curiosidad humana.

Y luego están las webs que por una cantidad anual te conceden una página en la cual tú mismo pones las fotos de tus cuadros con sus características y si alguien se interesa por tu obra ellos se ocupan de las ventas. Se de una, a la que solicité entrar a formar parte, que me dijeron debía esperar meses, dado su éxito y la demanda provocada, pero lo que si hacen es colocarme, en todos los sitios que visito, anuncios con fotos de algunos de los artistas que ellos promocionan. Se llama SINGULART. Se ve que tienen un maravilloso algoritmo en marcha. Desconozco la eficacia de este sistema pero te meten las fotos de las pinturas hasta en la sopa.




Tal vez, las que tienen además una sala de exposiciones, cabe la posibilidad de ventas y si tienen conexiones con salas importantes y con Museos de Arte Contemporáneo pueden ser importantes, tal como ARTELIBRE, en la que estoy. Hay una en la que tengo puestas más de 80 obras desde hace unos 10 años y solo una vez me llamaron porque alguien se interesó por una obra, se llama Artelista, y estoy de forma gratuita, no se si pagando obtendría mejor resultado.

¿Dónde están los marchantes, los cazatalentos, negociantes y mercaderes de arte? ¿Esos que se dedicaban a promocionar, promover, impulsar, lanzar, ascender la carrera de un artista plástico? Yo aún no he encontrado ninguno.

En resumen, creo que el sistema actual de mercado del arte está agotado, y será necesario crear uno nuevo. Probablemente el camino esté en una combinación de ventas “on line” con sala de exposiciones y conexiones internacionales con un acertado “marketing”.
El sistema que si funciona, con las bendiciones de los muy ricos, es el que utilizan el triunvirato que conforman ciertas galerías de “alto standing” en combinación con Museos de Arte Contemporáneo y Ferias Internacionales como Arco, Bienal de Venecia, etc. son capaces de vender humo a los ricachos, pues ellos compran valores de inversión o directamente blanquean dinero negro.

De todas formas hay que recordar las palabras de Jesucristo: Muchos son los llamados y pocos los escogidos. Solo unos pocos podrán vivir de esto.
En cualquier caso, con independencia de la calidad de las obras que realicemos, el hecho de pintar, esculpir, escribir, poetizar, tocar un instrumento, cantar, bailar o cualquier otra actividad artística y creativa, es un placer poder expresarnos libremente y disfrutamos de ello y esto es lo realmente importante, pero no nos engañemos, a todos nos gustaría alcanzar la gloria.

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