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domingo, 18 de octubre de 2026

LA MUJER CON FRANCO

 



 

Durante la dictadura de Francisco Franco, el rol de la mujer en España sufrió un profundo retroceso. El régimen impuso un modelo patriarcal, ultraconservador y católico que anuló casi todos los derechos civiles, políticos y laborales alcanzados durante la Segunda República.

La Sección Femenina de Falange, liderada por Pilar Primo de Rivera, fue la institución oficial encargada de adoctrinar a las mujeres para moldearlas según este ideario.

El ideario franquista para las mujeres

El régimen consideraba que la mujer tenía una misión biológica y patriótica única: la maternidad y el cuidado del hogar. El destino de la mujer española se resumía en ser una sumisa esposa, una madre abnegada y la guardiana de la moral católica de la familia.

Pilar Primo de Rivera lo expresaba con frases célebres en sus discursos, como:

"Las mujeres nunca descubren nada; les falta el talento creador, reservado por Dios a las inteligencias varoniles", o "El verdadero deber de las mujeres con la Patria es formar familias con una base de amor absoluto al trabajo y a la disciplina".

El hombre era el proveedor y la autoridad económica y política; la mujer era el motor moral del ámbito estrictamente privado (la casa).

Las restricciones legales y civiles (El Código Civil)

El marco jurídico de la dictadura convirtió a las mujeres en menores de edad perpetuas. Al casarse, pasaban de la tutela de su padre a la de su marido.

  • El Permiso Marital: Era el pilar del control machista del Estado. Una mujer casada necesitaba la firma y autorización de su marido para casi cualquier acción legal o económica cotidiana:
    • Trabajar o firmar un contrato laboral.
    • Abrir una cuenta bancaria o disponer de su propio dinero.
    • Comprar o vender bienes (incluso los que fueran de su propiedad antes del matrimonio).
    • Sacarse el carné de conducir.
    • Expedir el pasaporte o viajar al extranjero.
  • Pérdida de la nacionalidad: Si una española se casaba con un extranjero, perdía automáticamente su nacionalidad española.
  • Prohibición del divorcio y el aborto: El matrimonio era indisoluble. El aborto y el uso o divulgación de anticonceptivos estaban estrictamente prohibidos y castigados con penas de cárcel.
  • Desigualdad ante el adulterio: El Código Penal castigaba el adulterio femenino de forma severa (cárcel). El hombre, en cambio, solo era castigado por "amancebamiento" si mantenía a una amante dentro del hogar conyugal o de forma escandalosa. Existía incluso la figura del vindicatus sanguinis, que reducía la pena al marido o padre que matara a su mujer o hija si las sorprendía en adulterio.

Restricciones laborales

El régimen quería a la mujer fuera del mercado de trabajo para fomentar la natalidad y dejar los empleos a los hombres.

  • La excedencia forzosa por matrimonio: A través del Fuero del Trabajo (1938), el Estado obligaba a las mujeres a abandonar sus puestos de trabajo en el momento en que se casaban. A cambio, recibían una pequeña indemnización llamada "dote nupcial".
  • Profesiones prohibidas: Las mujeres tenían vetado el acceso a la judicatura (no podían ser juezas ni fiscales), la diplomacia, notarías, registros y a los cuerpos de seguridad del Estado.
  • Brecha salarial legal: La legislación franquista establecía de forma explícita que las mujeres debían cobrar menos que los hombres por el mismo trabajo (en ocasiones hasta un 30% o 50% menos).

¿Cómo imponía su doctrina la Sección Femenina?

La Sección Femenina era el único organismo político femenino permitido. Utilizó varios mecanismos obligatorios para moldear el comportamiento de las jóvenes:

1. El Servicio Social Femenino

Era el equivalente a la "mili" de los hombres. Fue obligatorio para todas las mujeres solteras de entre 17 y 35 años que quisieran acceder a un trabajo público, sacarse el pasaporte, obtener títulos académicos o el carné de conducir. Duraba varios meses y consistía en clases de formación política, religión, labores domésticas, puericultura (cuidado de bebés) y asistencia en hospitales u hogares del régimen.

2. Manuales y guías de comportamiento

La Sección Femenina editaba manuales que se distribuían masivamente (como la famosa Guía de la buena esposa). En ellos se daban instrucciones explícitas sobre cómo actuar con el marido:

  • Tener la cena lista cuando él volviera de trabajar.
  • Lucir impecable, arreglada y silenciosa.
  • No quejarse si él llegaba tarde o salía sin ella.
  • Complacer sus deseos sin oponer resistencia, minimizando el propio placer personal.

3. Control de la vestimenta y la decencia

El organismo, en estrecha colaboración con la Iglesia Católica, imponía la modestia en el vestir. Se vigilaba de cerca que las faldas tuvieran el largo "adecuado" (por debajo de la rodilla), se prohibían los escotes y el uso de pantalones en público estaba muy mal visto. En las playas y piscinas se obligaba al uso de bañadores de una pieza con faldilla y estaba prohibido que hombres y mujeres compartieran ciertas áreas de baño.

La tímida apertura (Años 60)

Hacia finales de los años 50 y la década de los 60, la necesidad económica del país obligó al régimen a flexibilizar algunas normas. La Ley de Derechos Políticos, Profesionales y de Trabajo de la Mujer de 1961 eliminó la excedencia obligatoria por matrimonio y abrió algunas profesiones, aunque el permiso marital del Código Civil se mantuvo vigente en su esencia hasta 1975, prácticamente al final de la dictadura.

 

 

 

 

 

 

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