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viernes, 23 de mayo de 2014

ÁLAMOS EN VERANO (Monet)

Esta obra se realizó, junto con otras del mismo tema pero a diferentes horas, en 1891. Mide 92 x 73 y está colgada en el Museo de Arte de Filadelfia.
Monet comenzó su serie sobre los álamos en verano de 1891 en las orillas del río Epte, con tal esfuerzo que tenía quince de ellos listos para su exposición en la galería Durand-Ruel que se celebró en febrero de 1892. En algunos, como en éste, la hilera más cercana de árboles está vista desde cerca también, de manera que sólo podemos contemplar sus troncos. Como anécdota debemos mencionar que el artista contó en numerosas ocasiones cómo tuvo que comprar esos árboles para poder concluir sus series, ya que estaban destinados a la tala y ésta no se realizó hasta que él terminó. El lienzo que vemos es uno de los primeros de la serie, ya que muestra efectos de la luz en verano.




Monet trabaja con detalle los efectos que desea conseguir en el espectador; así, el follaje es básicamente pintado con tonos verdosos, aunque posteriormente añadiría algunas pinceladas rosas. También añade fuertes zonas azules en el río para que actúen como reflejo del cielo, acentuando el papel de los árboles como nexos de comunicación entre ambas zonas espaciales.
La pincelada es fuerte y decidida especialmente en la ribera del río, donde parece un mosaico, algo parecido a lo que hacía Van Gogh. En el cielo cruza la pincelada para conseguir efecto de atmósfera.
Destaca en la composición la verticalidad de los tres álamos, cuya línea se prolonga en el reflejo del río, creando la sensación de fuerza y permanencia, así como de ascensión, al rebasar los límites del cuadro.




Los colores de arriba se repiten abajo, las franjas verticales de los tres álamos son una repetición con ligeras variantes y detrás se ven, más tenues, más trazos verticales. Todas estas repeticiones son ecos, resonancias, ritmos que enriquecen la obra.
Otro tanto sucede con las copas visibles de los otros árboles que están en segundo plano, aunque de forma tenue, construyen un triángulo.




Tenemos otro triángulo, éste isósceles, formado por el grupo de árboles más pequeños.




Finalmente, observamos dos líneas casi horizontales convergentes entre sí fuera del cuadro.
Por tanto, tenemos un conjunto de líneas verticales que nos transmiten sensaciones de exaltación, fuerza y permanencia. Los triángulos seguridad y equilibrio el isósceles. Las líneas convergentes, al ser una horizontal, es quietud, paz, serenidad, y la línea más inclinada, le da dinamismo tal como transmiten también los triángulos por los lados inclinados.



miércoles, 7 de mayo de 2014

ARTE Y CARTELERA





Arte y Cartelera es una web nacida en 1995 cuando solo un 10 % de la población sabíamos de la existencia de Internet y después de muchas vicisitudes y cambios, hemos llegado a la situación actual.

En ella aparecen por una parte mis obras de pintura y dibujo y por otra mi labor docente en mi academia  presencial y en mi academia on-line con plataforma e-learning y la incorporación de la tecnología de vídeo conferencia para meterme en el estudio de los alumnos y corregirles "in situ".

Agradederé visiten Arte y Cartelera y me dejen sus comentarios.


domingo, 27 de abril de 2014

LAS MENINAS



Esta magnífica obra de Velázquez, superfamosa, está formada por una serie de personajes distribuidos de una forma peculiar: Vemos a  la infanta y sus damitas de compañía (meninas en portugués) entran en el estudio de Velázquez que era el  pintor de cámara del rey Felipe IV. Parece estar pensativo o tal vez mirando hacia el espectador. Pero cabe suponer que está mirando a los reyes Felipe IV y Mariana de Austria, tal como vemos reflejado en el espejo del fondo, por tanto son las personas a las que está retratando.

Tenemos en primer plano y de izquierda a derecha a María Agustina Sarmiento, a quien vemos haciendo una reverencia y ofrece un jarrito rojo, en una bandeja plateada, a la infanta Margarita de Austria, la cual está situada en el centro de la composición que acepta el jarrito y nos observa. La otra menina, Isabel de Velasco, también hace una ligera reverencia mirando a la infanta. A continuación está Mari Bárbola, una enana con gran cabeza y de origen alemán, también nos mira y, finalmente, en este primer plano, está Nicolasillo Pertusato, que aunque parece un niño era también un enano, como puede verse bastante travieso, le está dando una patada a un gran mastín que yace tumbado en el suelo.
Velázquez está  más atrás, a la izquierda, sujetando un pincel en la mano derecha y la paleta con los demás pinceles en la izquierda, como es normal. Se ha vestido muy elegante y aparentando unos cuarenta años pero ya rondaba los cincuenta y siete. En los ‘arrepentimientos’ observados con rayos X, se aprecia que antes había pintado con facciones de más viejo y el bigote canoso. Vemos  la parte posterior del lienzo sobre un caballete situado delante de él.
Detrás de las meninas del lado derecho, vemos a la dama Marcela Ulloa, ‘guarda menor de damas’ y un caballero llamado D. Diego Ruiz de Ancona con el cargo de ‘guardadamas’ y escucha la conversación de la dama. Velázquez los sitúa a ambos en penumbra y más abocetados que las meninas, marcando así distancia y espacio.
Al fondo, podemos ver una puerta de madera con cuarterones que se abre a una estancia posterior muy iluminada y José Nieto, aposentador de la corte, está en las escaleras, no sabemos si entra o sale. Lleva un sombrero en la mano y viste una elegante capa negra. La luz es de tal intensidad que hace brillar la escalera, la puerta y la persona de José Nieto.
En la pared vemos colgado un espejo donde el rey y la reina aparecen con un cortinaje rojo.  Suponemos que están posando para Velázquez.
La estancia es amplia y de techo alto y hay grandes cuadros por las paredes (identificados en la actualidad). Existen ventanas en la pared derecha y están alternativamente abiertas y cerradas lo que nos acentúa la sensación de profundidad y de atmósfera real. El gran tamaño de las figuras, casi natural, subraya aún más su presencia en un espacio que se hace creíble.
La técnica
Técnicamente el cuadro es insuperable. El conjunto de perspectivas utilizadas es único y produce un efecto ‘atmosférico’ en el ambiente representado, como si el pintor hubiese pintado el aire entre las figuras. Vamos a analizarlo: la primera perspectiva que observas es la lineal, diversas líneas imaginarias o no (línea del techo-pared; cuadros colgados, el suelo) guían nuestra vista hacia el fondo y nos hacen creer en una fuerte tridimensionalidad. Este asombroso efecto se refuerza con un suelo neutro, de moqueta, que avanza hacia nuestra posición y, sobre todo, con unos espacios alternativamente iluminados y en penumbra que subrayan el efecto de alejamiento. La otra perspectiva es la aérea, la difuminación progresiva de los contornos y la degradación de las gamas tonales con el aumento de la distancia y el alejamiento. Como remate, Velázquez pone un agujero iluminado en el centro (la puerta abierta) que da a una estancia donde no vemos el fin, es decir, el cuadro tiene una perspectiva ilimitada. En muchas de sus pinceladas utiliza la técnica del pincel seco que al restregarlo quedan rotos los trazos para dar la sensación correcta de las telas.
Esta combinación de perspectiva aérea y lineal es lo que ha fascinado a todos, expertos o no, desde el siglo XVII.
La gama cromática empleada por Velázquez en esta obra es limitada y contenida, predominan los grises y los ocres, no obstante, aplica colores fuertes como el rojo fuego en pequeños detalles de la vestimenta de las niñas como lacitos, pasadores de pelo y adornos florales. De este modo rompe la monotonía de colores y atrae nuestra atención. La calidad de representación de las sedas brillantes con grises y blancos muy luminosos resultan de una belleza deslumbrante.
Hay una leyenda respecto a la cruz de Santiago que lleva pintada Velázquez sobre su vestimenta: presuntamente se la habría pintado él mismo varios años después de tener terminado el cuadro, por pura vanidad, cuando ésta le fue concedida. Luego se supo de fue nombrado caballero de la Orden de Santiago a título póstumo en 1.660 lo cual significa que alguien se la pintó después de muerto en Las Meninas. Sería, según la tradición el propio rey Felipe IV, quien, agradecido por los numerosos servicios de Velázquez como aposentador real y, sobre todo, como pintor, realizaría la cruz con su regia mano.
Composición
La perspectiva de esta obra tiene un pequeño error según podemos ver, y aquí viene la discusión de quienes opinan que Velázquez no conocía las leyes de la perspectiva aunque tenía un magnífico ojo para errar tan poco. O tal vez utilizó el trasladador de ángulos de madera como utiliza hoy Antonio López y por eso el pequeño error.
La línea de horizonte pasa por la mano del caballero situado en la puerta abierta del fondo (José Nieto) y su mano es precisamente el punto de fuga. Las tres líneas inclinadas de la derecha corresponden, una a las líneas de la perspectiva que pasan por la unión de techo y pared, y las otras dos pasan por la parte superior e inferior de las ventanas.
Si observamos los ojos de los personajes que miran hacia afuera se ve perfectamente cómo la mirada de Velázquez  es hacia abajo (pues la línea de horizonte está por debajo) y la de la princesa Margarita y la enana Mari Bárbola es hacia arriba. Las cabezas de los reyes están precisamente en la línea de horizonte aproximadamente. ¿Era Velázquez más alto que los reyes o es que estaban sentados?
También vemos las alineaciones de las lámparas y la alineación de la esquina del marco del espejo y la esquina del lienzo sobre el que está pintando Velázquez situadas en el lado izquierdo del cuadro.


Un conjunto de triángulos isósceles ubican las figuras por franjas.


También podemos interpretarlo como un triángulo que va creciendo de tamaño o sucesivos triángulos más pequeños dentro del grande.
La repetición de los triángulos compositivos implanta, a nivel subliminal, la sensación de grandiosidad, seguridad y equilibrio, valores intrínsecos de esta obra.



También encontramos círculos completos e incompletos que organizan las posiciones de las cabezas de las figuras que componen la obra.


Recordamos que las sensaciones que trasmiten los círculos son regularidad y equilibrio, además de centrar el tema, como se aprecia en la siguiente foto, donde determina que el centro son los reyes a quienes realmente está retratando Velázquez según nos quiere decir.





domingo, 20 de abril de 2014

CATEDRAL A PLENO SOL

Esta obra de Claude Monet fue resuelta en 1894, mide 100 x 65 y está en una colección particular.
Uno de los mejores amigos del pintor, Clemenceau, celebró el acierto de realizar esta serie cuando fue expuesta en París en 1895: “el pintor nos ha dado la sensación de que los lienzos hubieran podido ser cincuenta, cien, mil, tantos cuantos minutos comporta su vida”. También se mostraron encantados con esta serie de la catedral de Rouen algunos de los pintores modernos más destacados del momento, como Degas, Cézanne o Renoir; otro de ellos, Pissarro, definía la serie como “la obra de un volitivo, ponderada, que persigue los más pequeños matices de efectos que no veo realizados por ningún otro artista. Alguien niega la necesidad de esa búsqueda cuando se prosigue hasta tal punto”. Para pintarlas Monet eligió diversos emplazamientos elevados, desde donde poder contemplar con detenimiento la evolución de la catedral bajo distintas condiciones de luz y atmósfera.
La luz y el color, éste con todas sus vibraciones cromáticas, son capaces de captar la atmósfera, el momento, tal y como afirmaban los pintores impresionistas. Se puede hablar de una especulación teórica y práctica en torno al color, que mantiene como referencia la figuración. En consecuencia, las formas góticas de la catedral, con todas sus peculiaridades decorativas, ofrecen unas variaciones lumínicas ideales para el estudio de la atmósfera que genera a su alrededor. Como estamos diciendo, Monet no intenta tanto plasmar la imagen habitual de la catedral, sino que ésta le sirve de excusa, de argumento, para transmitir todo un mundo de sensaciones, a través de los distintos tonos cromáticos que, en los diferentes momentos del día, se muestran ante los ojos del espectador.



La serie sobre la catedral de Rouen refuerza las teorías de Monet, iniciadas años antes, con los Lamieres, por la cual los objetos varían dependiendo de la luz que se les aplique. No es lo mismo una iluminación matutina que vespertina, cuando incide sobre un mismo elemento, pues cambian los colores. Aquí observamos la fachada de la catedral a pleno sol, por lo que las líneas de sus contornos se difuminan y casi desaparecen. Los arcos de las portadas, el rosetón o la decoración gótica son absorbidos por el sol, provocando profundos contrastes de luz y sombra.
Aquí fundamentalmente solo hay dos colores, con gran variedad de matices: amarillo y violeta. Pero hay un pequeño punto rojo justo en el centro del rosetón que repercute en la luminosidad del cuadro.
La técnica utilizada es la misma que en las demás, la pincelada es corta, abigarrada y restregada sobre los colores que hay debajo, solo cambian los colores o más bien los matices y los tonos.
El dibujo de esta obra es idéntico a la llamada Catedral tiempo gris.
La composición es la misma en todas las obras sobre la catedral pues toma la misma zona prácticamente y solo varía en algunas el punto de vista.






La estructura de la catedral gótica queda definida por estrechos rectángulos posicionados verticalmente, por lo que la propia arquitectura da sensación de ascensión y exaltación a la vez que estabilidad. El triángulo isósceles que conforma el frontispicio le da grandiosidad.
La columnas repetidas, grandes y pequeñas, así como los arcos son como reverberaciones que producen un intenso ritmo de las formas.





Los ritmos son ascendentes, columnas y frontispicio. Cuatro columnas que suben desde el suelo y son casi idénticas, columnas más pequeñas que se repiten a derecha e izquierda y en la parte superior. Si la catedral se tomase totalmente de frente resultaría estática, pero al tomarla desde un lado la visión es en perspectiva con lo cual las líneas horizontales se transforman en inclinadas buscando el punto de fuga hacia el lado izquierdo.

sábado, 22 de marzo de 2014

Moulin Rouge:LA GOULUE Toulouse Lautrec

Para quienes no sepan mucho de Toulouse Lautrec, les remito al artículo que escribí hace unos meses donde sintetizo su vida y su obra, titulado Toulouse Lautrec.
En esta ocasión traigo aquí uno de los múltiples carteles que creó para el cabaret Moulin Rouge, donde destacó por su originalidad y sencillez de medios.
El cartel Moulin Rouge: La Goulue se trata de una litografía de color a partir de 1891, probablemente impreso en unos 3.000 ejemplares, la publicidad de los famosos bailarines La Goulue y ‘Sin-huesos’ Valentín, y el nuevo salón de baile en el Moulin Rouge.




Es una audaz litografía a cuatro colores (cuatricromía) que representa la famosa bailarina de can-can La Goulue y su socio flexible Valentine ‘le Désossé’, que hizo para anunciar al popular cabaret francés, Moulin Rouge. Su público se reduce a las siluetas con el fin de centrar la atención en los artistas y evocar el arte japonés entonces en boga, del que se contagiaron muchos pintores de la época. La triple repetición del nombre del club señala la atención a la figura central del cartel , LA GOULUE. El blanco puro de las enaguas, representado con sólo unas pocas líneas sobre el papel blanco, personifica el estilo audazmente simplista de Toulouse- Lautrec y rompe con los carteles de texto-pesados ​​de la época.
Desde el punto de vista cromático podemos ver los colores rojo, amarillo, negro, marrón, blanco y una gama de grises que ocupan la mayoría del fondo, destacando el amarillo de la lámpara que medio se ve en la izquierda y que se repite en las lámparas del fondo, encima de la siluetas en negro del público. Centra la obra las enaguas de la bailarina en blanco. Mientras La Goulue baila el can-can Valentín parece estar danzando alrededor.




La composición está resuelta fundamentalmente por dos triángulos isósceles y una jota. El triángulo superior se asienta en la base pero el inferior es invertido, por tanto, de equilibrio inestable tal como está la bailarina en equilibrio inestable. Como ya sabéis, los triángulos producen sensación de grandiosidad y seguridad y, al estar invertido, esa sensación es también de ascensión, tal como corresponde a la danza. La repetición de las lámparas amarillas es un ritmo perfecto igual que la repetición de cabezas con sombrero. Las tablas del suelo van todas dirigidas al fondo, al punto de fuga de la perspectiva, así como la fila de siluetas de la derecha.
En cuanto la jota que conforma Valentín, ayuda a centrar la atención en la bailarina al cerrar por abajo y el lateral derecho.