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martes, 21 de octubre de 2014

ESTANQUE DE NENÚFARES ATARDECER (Monet)



Este enorme cuadro es un díptico que mide 200X300 que fue pintado entre 1920 y 1926  y se conserva en el Museo de Arte Moderno de la ciudad de Zúrich (Kunsthaus Zürich)

Debemos recordar que Monet, en 1917, comienza la serie de los sauces llorones y el jardín acuático. A pesar de todas las dificultades que tiene con su vista, por las cataratas que provocan el retraso de su trabajo, así como el cambio continuo de colores y pinceladas en las obras, él trabaja como puede. En 1918 y para festejar el final de la Gran Guerra, el 12 de noviembre inicia las conversaciones con el Estado francés para donar dos de sus cuadros. Desde 1923 y hasta su muerte en 1926, cuando su salud y su vista mejoran continúa trabajando en su proyecto de las Decoraciones.




A pesar de una apariencia puramente técnica  encontramos una emoción profunda en cada una de esas pinceladas. Está allí, precisamente, la mirada del artista. Esa libertad de interpretación en sus temas, como el de las catedrales o las propias ninfeas, le permiten crear series de múltiples interpretaciones, donde se hacen infinitas variaciones en la forma y especialmente en el color.

Dos grandes manchas muy luminosas presiden el centro del cuadro, una de color rojo y la otra de color amarillo. A derecha e izquierda mucho verde con rojos y violetas-malva. La combinación clásica de complementarios rojo-verde y amarillo-violeta. Aquí quedan casi desterrados los azules y los naranjas que están por puro testimonio.




La pincelada cada vez es más suelta y se recurre al pincel seco para romper el color.

La composición es casi simétrica aunque el eje está ligeramente desplazado a la izquierda. Tenemos un triángulo isósceles amarillo, casi equilátero y encima el acento rojo en forma casi oval. A derecha e izquierda óvalos verdes con ciertos contenidos de rojos en el centro con ligeros trazos de azul. Por tanto volvemos a combinar la firme tranquilidad y delicada feminidad con la exaltación. La feminidad de la Naturaleza con su grandiosidad.




Los ritmos de las formas corresponden a la simetría de la obra, y desde el punto de vista cromático es una auténtica sinfonía de color, con notas que se repiten por toda la obra, los siete tonos naturales y sus semitonos, amén de notas de todos los valores (redondas, blancas, negras, etc.) y todos los tempos y compases.


domingo, 3 de agosto de 2014

NENÚFARES ROSA (Monet)




En la pintura occidental de los siglos anteriores, sólo en muy raras ocasiones, un paisaje había quedado reducido a la visión tan próxima de las flores como sucede aquí. Hemos querido precisar al hablar de la pintura occidental porque en Extremo Oriente la situación fue bastante distinta. Allí, en las pinturas japonesa y, sobre todo, china, no resulta raro encontrar escenas como la que contemplamos, donde unas cuantas flores ocupan todo el protagonismo y se sitúan en el primer plano del campo visual del espectador. Se ha mencionado, en multitud de ocasiones, la influencia que ejerció esa pintura oriental sobre el arte europeo de finales de siglo XIX, y los impresionistas serían los primeros en sentirse orgullosos por esto.


El colorido queda dominado por los azules y violáceos, en contrapunto, unos pequeños toques de amarillo y rosa en las flores, y unos sutiles trazos de naranja verdosos en algún contorno y en la esquina inferior derecha, que tiende a confundirse con un matiz rojizo. Las hojas azul celeste con matices, verdes, violetas, aclarados con trazos blancos, definen unos colores irreales de una gran belleza plástica.




Vemos el rastro del pincel por todas partes, superponiéndose los colores y mezclándose en otros casos sobre la marcha, conjugando trazos paralelos con trazos curvos envolventes en las hojas, pasando a ser radiales en las flores.


El centro de interés claramente está en las dos flores de la derecha donde se nos va la vista, entrando por la esquina inferior izquierda como suele ser habitual.




Una mancha violeta define el centro geométrico del cuadro, a cuyo alrededor están dispuestas una serie de hojas, formando un óvalo abierto que le da más voluptuosidad, al ritmo suave y elegante de la curva. En las flores, a pesar de su simplificación, podemos apreciar los cuatro sépalos del cáliz, pues el cuarto hemos de imaginarlo oculto por los pétalos.





La repetición de las hojas, por un lado, y las flores, por otro, crean esa relación de referencias cromáticas y lineales, produciendo un ritmo por las resonancias de las formas, además del óvalo abierto que conforman ese grupo de manchas azules que son las hojas alrededor del centro. Recordemos que los óvalos producen la sensación de majestuosidad y grandiosidad, dando gran importancia a este tema sencillo.


sábado, 13 de marzo de 2010

ALMIARES AL FIN DEL VERANO

El cuadro, repetido a diferentes horas del día y en diferentes épocas del año, compositivamente siempre es igual, pero es diferente la luz y por tanto el color del cual se vale Monet para representar la luz del momento.

En esta obra es clara la hora porque el sol está en el cénit, de forma que la sombra proyectada es muy corta y la parte cilíndrica del almiar está en sombra. La parte cónica vemos una zona iluminada y otra en sombra por tanto la luz viene de la izquierda. El color es intenso como corresponde a la hora y a la época que es previa al otoño. Al ser los almiares rojizos rodeados de color verde en diferentes tonos y matices produce una gran luminosidad al ser complementarios. Las sombras son frías, azuladas, lo que hace destacar los almiares al ser cálido el color, incluido el campo amarillo con toques de verde, así pues la armonía de los colores no solo es buena y atractiva sino luminosa también. Por tanto el objetivo principal de representar la hora y la época del año está conseguido plenamente, pero claro está que Monet no se conforma con eso.

Compositivamente hablando vemos fundamentalmente dos línea horizontales a lo largo del cuadro (marcadas en color naranja) que definen el horizonte y y el comienzo de la línea de árboles, tenemos también dos almiares y dos árboles de copa redonda (círculos en azul) cuyos círculos son incompletos y uno más grande que otro. Los almiares debido a la perspectiva, también uno es más grande que el otro. De esta forma se crea un ritmo de repetición de líneas y figuras, una más grande que otra.

Los triángulos producen sensación de grandiosidad y equilibrio y los cuadriláteros rectángulos la sensación que producen es de unidad y estabilidad, luego este es el significado del cuadro que provocan los almiares. Los círculos de los árboles, los dos incompletos para que el ritmo sea acorde, producen sensación de equilibrio.


viernes, 5 de marzo de 2010

LA CATEDRAL DE ROUEN Y MONET














LA CATEDRAL DE ROUEN Esta es una obra repetida hasta la saciedad por Claude Monet, a quien debemos el nombre de IMPRESIONISMO, para plasmar la luz en sus infinitas variantes. Así podéis ver imágenes de algunos de los cuadros que pintó y percibir las diferencias entre ellos en color, la hora del día, tipo de luz y forma de representarla. Hay muchos más sobre catedrales, alrededor de unos 120 cuadros pero creo que con estos es suficiente.

sábado, 27 de febrero de 2010

EL ESTANQUE DE LOS NENÚFARES EN ROSA

EL ESTANQUE DE LOS NENÚFARES EN ROSA 89,5x100 1900 Museo de Orsay

Esta obra semejante a otra en colores verdes, aunque vista desde un ángulo diferente, lo más destacable es la armonía de colores jugando con los complementarios, para conseguir una vibración del color y aunque la materia pictórica es densa la pincelada es fina y desordenada.

Aquí los colores dominantes son los amarillos y naranjas con los violeta rojizos, porque rosa propiamente dicho no son. También destacan los blancos especialmente en el puente, así como los azules.

La pincelada parece caprichosa y es suelta y empastada, mezclando y superponiendo todos los colores antedichos por todo el cuadro.

Aunque el motivo es exactamente el mismo de la obra anterior, esta está tomada un poco desplazada a la izquierda y algo más cerca. Así nos aparece a la izquierda una zona amarilla dorada y abajo en la esquina una zona verde que estructuran dos semicírculos los cuales están relacionados, por la forma, con las copas de los árboles de la esquina opuesta. Como ya sabemos estas curvas producen un movimiento rítmico suave y elegante y tienen carácter femenino, que se repite, aunque de forma más abierta en las curvas del puente, pero el mismo puente equilibra estas curvas con sus líneas verticales que dan fuerza y permanencia a la composición. Las franjas horizontales de los nenúfares dan paz y quietud y se equilibran con las franjas verticales de los árboles de la izquierda que parecen ser sauces llorones con sensación de fuerza y firmeza.

La pincelada misma produce aquí fuertes ritmos: en la zona izquierda superior los trazos son verticales, en cambio, tirando hacia abajo, los trazos son curvos pero todos con la misma tendencia, pero más abajo vemos en verdes trazos “desordenados” en todas las direcciones. Los nenúfares en el agua con su miríada de toques blancos, azules, verdes, violetas… las curvas del puente y barandillas que atraviesan el cuadro…Todo son ecos que producen maravillosas resonancias.

Aprenda a realizar estos análisis en http://www.arteycartelera.es

lunes, 22 de febrero de 2010

CATEDRAL DE ROUEN EN TIEMPO GRIS



Uno de los mejores amigos del pintor, Clemenceau, celebró el acierto de realizar esta serie cuando fue expuesta en París en 1895: "el pintor nos ha dado la sensación de que los lienzos hubieran podido ser cincuenta, cien, mil, tantos cuantos minutos comporta su vida". También se mostraron encantados con esta serie de la catedral de Rouen algunos de los pintores modernos más destacados del momento, como Degas, Cézanne o Renoir; otro de ellos, Pissarro, definía la serie como "la obra de un volitivo, ponderada, que persigue los más pequeños matices de efectos que no veo realizados por ningún otro artista. Alguien niega la necesidad de esa búsqueda cuando se prosigue hasta tal punto". Para pintarlas Monet eligió diversos emplazamientos elevados, desde donde poder contemplar con detenimiento la evolución de la catedral bajo distintas condiciones de luz y atmósfera.

En esta obra los colores son agrisados y los básicos son amarillos y violetas en diferentes tonos y matices. También hay una zona azul y una zona naranja, aunque la azul está arriba y la naranja abajo. Obsérvese que lo que parecen blancos no lo son y tienen una gran variedad de matices. También hay un pequeño punto rojo justo en el centro del rosetón.

La pincelada es corta y restregada sobre los colores que hay debajo. La composición es la misma en todas las obras sobre la catedral pues toma la misma zona prácticamente y solo varía en algunas el punto de vista. En este caso hay como un cierto acercamiento con respecto a la anterior, recortándose un poco en los laterales.

Los ritmos son ascendentes, columnas y frontispicio. Tres columnas que suben desde el suelo y son casi idénticas, columnas más pequeñas que se repiten a derecha e izquierda y en la parte superior. Si la catedral se tomase totalmente de frente resultaría estática, pero al tomarla desde un lado la visión es en perspectiva con lo cual las líneas horizontales se transforman en inclinadas buscando el punto de fuga hacia el lado izquierdo. Así las líneas de fuga (marcadas en azul) dan dinamismo a la composición y el mismo frontispicio en forma de punta de flecha hace ascender a todo el conjunto. Tantas líneas verticales producen sensación de firmeza y fuerza.

jueves, 18 de febrero de 2010

LOS NENÚFARES DE MONET













En 1890 puede comprar finalmente la finca de Giverny. En marzo de 1891, muere el comerciante Ernest Hoschedé y en julio del año siguiente se casa por fin con Alice.
Inmediatamente comienza a redistribuir el jardín, ya que el cuidado de este, se había convertido en su segunda pasión, después de la pintura.


Realiza una ubicación artística de las plantas y en 1893 adquiere otro terreno en la parte sur de su propiedad, en donde manda construir un estanque, en el cuál coloca nenúfares que encarga traer del Japón y un puente de madera de arquitectura netamente oriental, combinando así sus gustos por las plantas y por el agua.

Monet empieza a pintar su jardín acuático a partir de 1895 y lo continuó haciendo hasta su muerte ya que siempre cambiaba por el agregado de nuevas plantas y lo densa de la vegetación y también debido a sus numerosos viajes.

Su pasión por las series de nenúfares y ninfeas suman más de 200 cuadros, formando algo así como una obra de arte integral, dentro del resto de sus cuantiosos cuadros.

Marcel Proust se sintió fascinado al contemplar el lírico espectáculo de los nenúfares y expresó:”… flores de tierra y también flores de agua, estos tiernos nenúfares que el Maestro ha pintado en lienzos sublimes…son como un primer y delicioso esbozo de vida…”

En 1900, sigue pintando pero un accidente le hace perder la vista temporalmente de un ojo. En 1904, en una muestra en la galería de Durand - Ruel, expone sus obras de temas londinenses.

La percepción de los colores se altera, su vista se va deteriorando poco a poco, tal vez debido a que tiene cataratas, efectivamente en sus últimos años llega a resultados decididamente abstractos. El color se muestra con mucho cuerpo sobre la superficie del lienzo, se ven salir grumos de pigmento y pinceladas del soporte del cuadro.

Monet parece descubrir la pura materia que constituye la esencia de las cosas, avanzando más allá de las posibilidades de la visión humana.

En 1909 muere Alice y en 1911 su primogénito Jean.

Finalmente, muere de un tumor, el 6 de diciembre de
1926 a los 86 años.

El funeral se lleva a cabo en Giverny.

Los nenúfares (en francés Les nymphéas) es un ciclo de pinturas al óleo que ejecutó el pintor francés Claude Monet al final de su vida, sobre amplios paneles, como el de la ilustración, que mide 219 × 602 cm, y que actualmente se exhiben en el Museo de la Orangerie de las Tullerías, en París, Francia.

Estos inmensos paneles representan un lago con nenúfares.

Monet los pintó para que quedaran suspendidos en círculo (dentro de una estancia circular) así sería como si fuera un día que transcurría o bien siendo las cuatro estaciones que se descubrían.

En el Museo de la Orangerie están suspendidos en dos estancias ovales y alcanzan ocho piezas. Los motivos le fueron proporcionados por los nénufares del estanque de su jardín en Giverny. Desde entonces y hasta el final de su vida pintó una y otra vez estas plantas acuáticas. Los nenúfares obtienen un gran éxito en 1909, y profundizó en el estudio de estas plantas, con toda una serie de cuadros como Nenúfares en el crepúsculo (1910), que puede verse en la Kunsthaus de Zúrich.

Esta serie de composiciones cromáticas culminaron con el conjunto monumental pintado para estas dos salas de la Orangerie de París. El 12 de abril de 1922Monet donó al estado 22 pinturas sobre este tema, que se realizaron entre 1920 y 1926.

(Wikipedia)

http://www.youtube.com/watch?v=gEmfRAcKBxM

http://www.youtube.com/watch?v=vjXDt5LMTy8



lunes, 15 de diciembre de 2008

ANÁLISIS DE EL PASEO









Hablando con mis alumnos -¿o debería decir mis alumnas y alumnos?- me confesaron que no creían que para pintar un cuadro, el artista tuviese en cuenta tantas cosas como yo les enseño, relativo especialmente a la composición y sus técnicas. Yo intento convencerles de que los cuadros que trascienden son aquellos que están adecuadamente compuestos y esto lo hace el pintor de forma consciente y estudiándolo muy bien de antemano. Confío en poder convencerles al final. Aquí pueden ver la base de mis enseñanzas.
Aunque este vídeo lo pueden ver en YOUTUBE a través del enlace desde "mis youtube", es bien sabido que al lector hay que ponerle las cosas fáciles, y por ello, lo mejor es situar lo que queremos que vea en la cabecera, como hacen en los hipermercados. Espero que les guste y estén de acuerdo conmigo 

domingo, 27 de enero de 2008

MONET Y SU OBRA

Este análisis, correspondiente a esta obra de Monet, es solo uno de los 26 realizados por mi con motivo de un curso que hicimos como ejercicio en la UNED en el curso de "Experto en e-learning"donde aplico mis conocimientos como pintor. Este análisis puede hacerse más exhaustivo y con gráficos que clarifiquen lo expuesto, como pueden ver gratuitamente en el curso que diseñé para Academia de Arte y Cartelera llamado LOS IMPRESIONISTAS donde se aplican las técnicas de otro de mis cursos llamado CONTEMPLANDO UN CUADRO. Este último lo recomiendo a todos los amantes del Arte y que no posean conocimientos técnicos específicos, pues les ayudará a disfrutar con más intensidad.



EL ESTANQUE DE LOS NENÚFARES EN ROSA 89,5x100 1900 Museo de Orsay
Esta obra es semejante a otras realizadas sobre el mismo tema y lo más destacable es la armonía de colores jugando con los complementarios, para conseguir una vibración del color y aunque la materia pictórica es densa la pincelada es fina y desordenada.


Aquí los colores dominantes son los amarillos y naranjas con los violeta rojizos, porque rosa propiamente dicho no son. También destacan los blancos especialmente en el puente, así como los azules.

La pincelada parece caprichosa y es suelta y empastada, mezclando y superponiendo todos los colores antedichos por todo el cuadro.

Aunque el motivo es exactamente el mismo de otra anterior, esta está tomada un poco desplazada a la izquierda y algo más cerca. Así nos aparece a la izquierda una zona amarilla dorada y abajo en la esquina una zona verde que estructuran dos semicírculos los cuales están relacionados, por la forma, con las copas de los árboles de la esquina opuesta. Como ya sabemos estas curvas producen un movimiento rítmico suave y elegante y tienen carácter femenino, que se repite, aunque de forma más abierta en las curvas del puente, pero el mismo puente equilibra estas curvas con sus líneas verticales que dan fuerza y permanencia a la composición. Las franjas horizontales de los nenúfares dan paz y quietud.

La pincelada misma produce aquí fuertes ritmos: en la zona izquierda superior los trazos son verticales, en cambio, tirando hacia abajo, los trazos son curvos pero todos con la misma tendencia, pero más abajo vemos en verdes trazos “desordenados” en todas las direcciones. Los nenúfares en el agua con su miríada de toques blancos, azules, verdes, violetas… las curvas del puente y barandillas que atraviesan el cuadro…Todo son ecos que producen maravillosas resonancias.