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jueves, 10 de noviembre de 2022

LA OTRA HISTORIA DE CRISTO capítulo XLII

 


¿Y por qué este hecho importa? Primero, porque que de pronto dé la orden que se vayan, nos muestra que aun estando colgado en la Cruz, desde ahí arriba seguía organizando las cosas. Pero a su vez, esto nos permitirá ubicar algo más, extremadamente clave: qué era lo que estaba por suceder, que ya lo daba todo por concluido, que “todo había sido consumado”:

Cuando él dice “Eli Eli Lama Sabactani” “Lama” es la Palabra Clave.

“Eli, Eli” es un llamado: “Señor, Señor”. Pero lo que dice después es el Nombre de dos Lamas que son los príncipes del bajo astral.

Aun sabiendo que entramos en terreno inseguro, prefería no pasar por alto este dato –que si no lo decía, nadie se enteraba- porque me parece que muestra algo absolutamente innegociable para lo que estamos encarando en nuestro Recorrido: Muestra la dimensión absolutamente humana de Jesús. No tengo otro motivo argumental para incluirlo. No podemos dudarlo, estaba en el peor momento, no sabía si la enseñanza había servido para algo, el sufrimiento era enorme y todos estaban en contra. Cualquiera de nosotros pega un insulto, una maldición”, cuando tiene alguna adversidad. Exactamente eso es lo que hizo Cristo; lo que cualquier ser humano hace en esas mismas circunstancias: les tiró la peor maldición que conocía. Tan poderosa que de inmediato, por supuesto, se le vuelve en contra: junto con el eclipse que todos los historiadores consignan se desató una tormenta, una
tempestad que le produjo un efecto totalmente contrario a su Plan: lo despertó más, lo reavivó cuando lo que menos quería, era “eso”.

Podríamos decir el nombre de esos Lamas invocados en el conjuro pero sería correr el riesgo de Conjurar nosotros también, y de ningún modo quiero hacerlo.
Doña Esponja, a escena . Estaba en La cruz, tenía conciencia absoluta como para seguir organizando desde ahí arriba, recordando frases en otro idioma, y con fuerzas suficientes como para que lo escuchen desde lejos y en medio de la pretormenta. Hasta que de pronto, de un momento al otro lo dan por muerto.

¿Qué pasó? ¿El conjuro era para tanto? Noooo. Algo mucho más concreto y poderoso: pasó la esponja.

Lucas 23,36:
“Los soldados también le escarnecían, acercándose y presentándole vinagre”

Marcos 15,36:
“Y corrió uno, y empapando una esponja en vinagre, y poniéndola en una caña, le dio a beber, diciendo: Dejad, veamos si viene Elías a bajarle. 37 Mas Jesús, dando una gran voz, expiró. 38 Entonces el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo. 39 Y el centurión que estaba frente a él, viendo que después de clamar había expirado así, dijo: Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios. 40 También había algunas mujeres mirando de lejos, entre las cuales estaban María Magdalena, María la madre de Jacobo el menor y de José, y Salomé, 41 quienes, cuando él estaba en Galilea, le seguían y le servían; y otras muchas que habían subido con él a Jerusalén”

Mateo 27,48:
“Y al instante, corriendo uno de ellos, tomó una esponja, y la empapó de vinagre, y poniéndola en una caña, le dio a beber. 49 Pero los otros decían: Deja, veamos si viene Elías a librarle. 50 Mas Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu”
Juan 19,28:
“Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba consumado, dijo, para que la Escritura se cumpliese: Tengo sed. 29 Y estaba allí una vasija llena de vinagre; entonces ellos empaparon en vinagre una esponja, y poniéndola en un hisopo, se la acercaron a la boca. 30 Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu.”

Termina de decir sus últimas palabras, y dice la contraseña: “tengo sed”.
No hace falta recordar que a ningún crucificado se le daba de beber. Son romanos, que les importaba si tenía sed en la Cruz, era parte de la tortura; incluso se hacían encima, era una cosa degradante y parte del tema degradarlo. De ningún modo era “tengo sed”, “te atiendo”
Pero a Cristo, muy sintomática y sugestivamente, le dan de tomar. El tema es ¿qué le dieron, que en seguida “se murió”?

Empecemos por qué dice la Biblia: Es muy importante escuchar que en griego, lo que dice es que le dieron un “ácidus”. Y a “ácidus” lo traducen como vinagre -porque es el origen de, por ejemplo, “aceto” balsámico, que se confunde con- y porque así estaba en la Profecía.

Salmo 2 69,21:
“Me pusieron además hiel por comida, y en mi sed me dieron a beber vinagre”
Pero es absolutamente ridículo si le hubieran dado vinagre, porque es un perfume penetrante, un reactivante. Si le hubieran dado vinagre, no podía jamás haber ocurrido lo que ocurrió: que de inmediato perdiera por completo la conciencia, como lo dice claramente Juan: se entregó y expiró.

Y de hecho, la Biblia no dice que le dieron vinagre. La palabra es ácidus. Y en cuanto le encajan la esponja en la boca “todo ha sido consumado” y ya está, “expira” de inmediato.
Hasta dos palabras antes, tira maldiciones, dice mujer vete, tiene fuerza pulmonar, lo que quiere decir que esta lejísimos de morir todavía. Dice una palabra/contraseña, le dan algo que nunca le dan a un crucificado, y se origina un proceso por el que en unos segundos ya lo dan por muerto evitando romperle las piernas y porque simplemente no reacciona a un rasguño.

Las fichas del rompecabezas encajan todas perfectamente y con total claridad van mostrando la figura que forman: La de un súper Plan Maestro.

¿Cómo puede ser que se muera tan de repente? Con tanta fuerza previa, y en tan poco tiempo cuando en la Cruz nadie se moría tan pronto.

Todo es sospechosísimo. Tanto que, no olvidemos que más allá de toda especulación, explícitamente el mismísimo Pilatos dice ¿Cómo? ¿Ya murió? Y si no fuera porque su amigote el Centurión le dice “Sí, ya murió”, él jamás lo hubiera entregado cuando el otro amigote –y fallido mediante- se lo pide.

Centurión del cual no quiero que dejemos de ubicar, qué pasó luego con él. Pues en las Actas Oficiales de Pilatos, figura explícitamente que Longinus, después de la Cruz, renunció a ser Centurión Romano. Y acá viene lo mejor: ¿a que no saben en qué se transformó finalmente?

En uno de los primeros Obispos del Cristianismo, en su ciudad natal. Y les recuerdo que esto está consignado en las Actas Oficiales de Pilatos convendrás que es un dato muy importante. Un súper dato, a decir verdad. Cuando empezaron a organizarse las primeras iglesias, el obispo en la ciudad natal de él era Longinus. Esto no deja la menor duda de que el tipo era un convencido, a él le había gustado el mensaje de Jesús.

Las Actas de Pilatos, más Eusebio de Cesárea, más Plinio el Viejo, todos apuntan a que Longinus estaba complotado con Jesús; agregan, después custodió el Grial; agregan le regaló el manto. Es por Longinus, que se le da a beber la esponja con un Ácidus, y es por Longinus que Pilatos lo acepta bajar de la Cruz.

Sólo una sola pregunta más, si cabe formularla: podemos saber algo más del “ácidus”? Y la respuesta que con mucho gusto estamos en condiciones de dar es que en iniciación, podemos.

Pues textos iniciáticos tienen la clave.

Y esa clave es la misma que, casualmente, se encuentra en las tumbas de los esenios de esa misma época. Las tumbas de los esenios de esa misma época tienen todas dibujadas una plantita que era con la que ellos ingresaban a la Orden Esenia.

Después de pasar dos años de una prueba terrible, en la que comían una lonja de pan con langosta, no el crustáceo, langosta el insecto y una pócima de miel por día -y cuando se portaban mal les bajaban la dosis- luego de esos dos años, accedían a la Haoma Pócima.
Se preparaba con una planta con una forma alargada –por extensión ambas reciben el mismo nombre- que es lo que está dibujado en las tumbas de los Esenios en la época de Cristo.

Esto explica José Luís Parise de sus experiencias:

Estas plantas estaban en las tumbas de los sacerdotes esenios, porque es el distintivo de la ceremonia que ellos hacían. ¿Cuál ceremonia? “morir” cuatro días y “resucitar” de esa “muerte”.

Es similar al uso de la Ayahuasca. Lo tomé en diferentes contextos incluido el corazón de la Selva Amazónica, y sé muy bien de qué se trata: efectivamente, algunos de sus empleos, incluyen lo que se llama la Soga del Muerto, y la Segunda Muerte. Literalmente, pasar por una muerte artificial, porque luego vuelves al mismo cuerpo pero has visto y vivido lo mismo que en la muerte.

Esto significa que al morir hay una respuesta automática del cerebro y conecta con esa dimensión a la que luego iremos. Donde aparece el túnel con la luz intensa al fondo…

LA OTRA HISTORIA DE CRISTO capítulo XLI

 


Lucas 23,50:
“Había un varón llamado José, de Arimatea, ciudad de Judea, el cual era miembro del concilio, varón bueno y justo". Un miembro noble del concilio que además, era rico y que además era discípulo secreto de Cristo.

Mateo 27,57:
Cuando llegó la noche, vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, que también había sido discípulo de Jesús.

Juan 19,38:
“Después de todo esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, pero secretamente por miedo de los judíos”

Ese miedo tiene mucho que ver en que no se lo identifique claramente. De hecho, “José de Arimatea” como tal, no existe. Aunque Arimatea tratan de hacerlo pasar como un lugar, no hay alguna provincia en Judea o algún lugar que justifique ese nombre.

Sí, se lo entiende perfectamente como un juego de palabras que, para decirlo rápido, significaría “José el de la sepultura”; y también directamente como “José el sepulturero”.
¿Por qué esos nombres? Porque tenía algo que llamaba muchísimo la atención: en su casa, un espacio de sepultura familiar propia; lo cual era un lujo extremo en aquella época donde la tierra era carísima.

Que es alguien con poder, queda claro en la cercanía con la que le habla a Pilatos, y en que Pilatos siempre lo recibe y da lugar a lo que pide. De hecho, la Biblia consigna que es quien le va a decir a Pilatos -en la hora sexta, es decir cuando estaba por salir la primera estrella- que viene la Pascua, y en Pascua no podrán venir a ver a los crucificados porque está prohibido y habría que dejarlo tres días pudriéndose en la Cruz, y por qué no nos da el cuerpo?

Es extremadamente clave considerar que la Biblia consigna en forma explícita que Pilatos se sorprendió de que Cristo hubiera muerto tan rápido. Y ¿a quién le hace la pregunta más importante que iba a hacer en toda su carrera? a nuestro amigo el Centurión.

Marcos 15,44:
“Pilato se sorprendió de que ya hubiese muerto; y haciendo venir al centurión, le preguntó si ya estaba muerto. 45 E informado por el centurión, dio el cuerpo a José, 46 el cual compró una sábana, y quitándolo, lo envolvió en la sábana, y lo puso en un sepulcro que estaba cavado en una peña, e hizo rodar una piedra a la entrada del sepulcro. 47 Y María Magdalena y María madre de José miraban dónde lo ponían” Si leyendo esto ya es suficiente para ver que explícitamente dice que a Pilatos le llama la atención que Cristo hubiera muerto tan pronto. Ahora leámoslo en griego. Porque leído en griego hay una revelación extraordinaria, que sólo pide ser escuchada, pues un fallido extraordinario altamente “de velatorio” –considerando el contexto-. En griego, en Marcos 15,45 dice que José de Arimatea le dijo a Pilatos:

“¿Por qué no me das el soma? Porque si no va a quedar tres días en la Cruz”
“Soma”, en griego, quiere decir Cuerpo Vivo. De hecho, Pilatos le dice ¿el Soma o el Ptoma? –que significa cadáver-.

Tenemos entonces que en la escena de la Cruz, todo se basa en lo que dicen dos personajes tan claves como enigmáticos trabajando juntos: José de Arimatea bajándolo de la Cruz, porque Longinus lo da por muerto. Y los dos, formaban parte del plan de Cristo. Y como todo se basa en el “diagnóstico” que Longinus le da a Pilatos, retomemos y veamos en qué consistía eso.

Lo que le hace, es el “Vuúoei” -lo tengo que escribir porque esta palabra se dice dos veces por reencarnación- Es una palabra en griego que usa el texto, que significa algo muy distinto que lo que todos pretenden traducir como un lanzazo. Pues no, lo que le dio es con un Pilum.
Para entender qué era todo eso conviene primero entender lo que no era: De ningún modo se trataba de una lanza que penetraba en el cuerpo, porque eso lo mataría. Y entonces ¿para qué todo ese circo de la cruz, si al final lo iban a matar de un lanzazo?

De hecho, sólo basta escuchar qué significan cada uno de esos dos términos para que en serio todo quede absolutamente claro y esclarecido: “Pilum” significa “pelo”. Y “Vuúoei” significa, como todo el mundo sabe, “rasguño”. Eso es todo lo que se necesita saber.
Con la lanza especial, delgada como un pelo -una lanza que no penetra, una lanza que no tiene más filo que en la puntita- se le hacía un rasguño. Si el crucificado reaccionaba, obviamente quería decir que todavía no había muerto. Punto. Fin del misterio Del “lanzazo” –que no era tal- sólo nos quedaría por esclarecer el fenómeno de sangre con agua que al instante brota de la herida.

Y antes de pensar en “milagros”, lo primero imprescindible de advertir es que si de la herida brotó sangre eso entonces es la confirmación rotunda de que ahí no había un muerto. Los muertos no sangran por las heridas.

Para que una herida sangre, se necesita que circule. Para que circule, se necesita un corazón que bombee. Y si un corazón bombea pues entonces no hay un muerto.
Por supuesto que queda el fenómeno del agua. Consideremos de entrada que si fue un milagro se les pasó por alto a tres de los cuatro evangelistas: sólo Juan lo nombra y ni siquiera él, que es el único que lo consigna, sugiere que en eso hayan visto milagro alguno.

Al primero que se le ocurrió llamarlo “milagro” fue a Orígenes dos siglos después. Pues “el agua” saliendo por las heridas, es tan común en muertos como en vivos: se trata del plasma sanguíneo, que como es mucho menos denso que la sangre, haya o no un corazón bombeando, suele derramarse por simple efecto de la gravedad.

Por supuesto lo único que puede tener semejante poder de absorción es la esponja.
Y lo que muestra esta ficha, de entrada, es que hasta 2 palabras antes de la esponja, Jesús estaba perfectamente lúcido en la Cruz. Lúcido y con fuerza. Con la fuerza suficiente como para gritar desde ahí arriba, y que lo escuchen. Hay diferentes y variadas versiones de qué fue lo que gritó, pero todas coinciden en que gritó con fuerza suficiente como para hacerse escuchar desde altura de 5 metros que medía la Cruz y con viento de pretormenta, y aún estando muy lejos de la Cruz.

Lucas 23,46:
“Entonces Jesús, clamando a gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, expiró. 47 Cuando el centurión vio lo que había acontecido, dio gloria a Dios, diciendo: Verdaderamente este hombre era justo. 48 Y toda la multitud de los que estaban presentes en este espectáculo, viendo lo que había acontecido, se volvían golpeándose el pecho. 49 Pero todos sus conocidos, y las mujeres que le habían seguido desde Galilea, estaban lejos mirando estas cosas”

Juan 19,25:
“Estaban junto a la cruz de Jesús su madre, y la hermana de su madre, María mujer de Cleofas, y María Magdalena. 26 Cuando vio Jesús a su madre, y al discípulo a quien él amaba, que estaba presente, dijo a su madre: Mujer, he ahí tu hijo. 27 Después dijo al discípulo: He ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa”

Mateo 27,46:
“Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? 47 Algunos de los que estaban allí decían, al oírlo: A Elías llama éste”

Marcos 15,34:
“Y a la hora novena Jesús clamó a gran voz, diciendo: Eloi, Eloi, ¿lama sabactani? que traducido es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? 35 Y algunos de los que estaban allí decían, al oírlo: Mirad, llama a Elías”

Frase de la cual el Evangelio de Taciano dice otra cosa completamente distinta “mujer he ahí a tu hijo, hijo, he ahí a tu madre. Algo completamente diferente que a su vez muestra la punta del ovillo de todo lo que continuó a eso: pues Taciano dice que desde la Cruz, lo que les gritó fue “Mujer coge a tus hijos y vete”.

La mujer es María, la madre, que estaba con Magdalena. Y al pie de la Cruz, escucharon que habló, aún si no entendieron lo mismo en las diferentes versiones, todas están de acuerdo en que habló y eso quiere decir que todavía tenía toda la fuerza como para hacerse escuchar en condiciones tan adversas.


Una vez que eso queda claro, podemos adentrarnos de a poco en qué fue lo que dijo, y lo que eso significa. Para empezar, la más clara y la más lógica, es la versión apócrifa en la que les piden que se vayan pues de hecho, luego de eso, efectivamente se fueron.

miércoles, 9 de noviembre de 2022

LA OTRA HISTORIA DE CRISTO capítulo XL





Mateo 27,32:
“Cuando salían, hallaron a un hombre de Cirene que se llamaba Simón; a éste obligaron a que llevase la cruz”

Lucas 23,26:
“Y llevándole, tomaron a cierto Simón de Cirene, que venía del campo, y le pusieron encima la cruz para que la llevase tras Jesús”

Ubicado eso es obligatorio preguntarse entonces ¿por qué le dan algo de beber? Y peor aún: los romanos –tan compasivos y caritativos ellos- degradándose al lugar de un sirviente que le da de beber a un reo crucificado y para colmo de los colmos judío.

En suma, estoy tratando de que quede claro que no se le daba de beber en la Cruz al crucificado. Sí, le daban antes de subir a la Cruz, si era judío, una pócima -porque el Deuteronomio así lo decía- que si era entre judíos, solía ser una tacita de vino con incienso adentro, para que si quería tomarla, le bajara un poco la conciencia, se adormezca y sufra un poco menos.

En la Biblia consigna claramente que Jesús rechaza la taza, no quiere la taza de vino –pues el condenado podía decidir si la tomaba o no- Es la Biblia abierta, la canónica, dice claramente Cristo dijo “no quiero”:

Mateo 27,34:
“Le dieron a beber vinagre mezclado con hiel; pero después de haberlo probado, no quiso beberlo”

Mucho más contrasentido entonces con que después él mismo haya pedido tomar algo porque tenía sed.

A no ser que hasta un momento muy determinado y muy planificado, necesitara mantenerse muy consciente, y por eso rechazó el vino con incienso.

Necesidad de no beber para mantenerse consciente que se confirma plenamente en cuanto, por contraste, vemos qué sucedió de manera literalmente inmediata en cuanto bebió lo que –insólitamente, insisto- le dieron en la Cruz. En seguida lo retomaremos –hablando de “tomar”.
La pregunta se impone sola: ¿qué pasó que de pronto los soldados se convencieron de que Cristo había muerto en tan poco tiempo?

¿Qué pasó? Pasó La Esponja. El primero, es el Centurión romano: Longinus. Un personaje tan clave, que hasta los historiadores se ocuparon de explicar quién fue. Y no un historiador, sino dos: Eusebio de Cesárea y Plinio El Viejo.

Eusebio de Cesárea dice que había un Centurión, Longinus, en complot con Jesús. Aclara que su nombre original no era Longinus, sino Cayo Casio y que debió cambiarse el nombre para no ser identificado, pues luego de la Cruz es a quien Jesús le regala el Manto. Se trata del famoso Manto Sagrado que le ponen a Jesús cuando lo bajan de la Cruz -no confundir con la Sindona-. El manto tenía un poder simbólico muy importante, y para los creyentes tenía un poder directamente sobrenatural. Que se lo haya regalado a Longinus, dice entonces claramente dos cosas: que tenía una cercanía suprema con Jesús, y que Jesús tenía alguna especie de deuda con él.

Pero Eusebio de Cesárea agrega algo más, espectacularmente importante. Tanto que trasciende por completo lo que en este momento podemos abarcar: “Longinus fue el encargado de Custodiar el Grial”. Longinus es tan importante, que también dos Apócrifos se ocupan de él: El Apócrifo de Nicodemo y Los Hechos de Pilatos.

Lucas 7,1:
“Después que hubo terminado todas sus palabras al pueblo que le oía, entró en Capernaum. 2 Y el siervo de un centurión, a quien éste quería mucho, estaba enfermo y a punto de morir. 3 Cuando el centurión oyó hablar de Jesús, le envió unos ancianos de los judíos, rogándole que viniese y sanase a su siervo. 4 Y ellos vinieron a Jesús y le rogaron con solicitud, diciéndole: Es digno de que le concedas esto; 5 porque ama a nuestra nación, y nos edificó una sinagoga. 6 Y Jesús fue con ellos. Pero cuando ya no estaban lejos de la casa, el centurión envió a él unos amigos, diciéndole: Señor, no te molestes, pues no soy digno de que entres bajo mi techo; 7 por lo que ni aun me tuve por digno de venir a ti; pero di la palabra, y mi siervo será sano. 8 Porque también yo soy hombre puesto bajo autoridad, y tengo soldados bajo mis órdenes; y digo a éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace. 9 Al oír esto, Jesús se maravilló”

Mateo 8,5:
“Entrando Jesús en Capernaum, vino a él un centurión, rogándole, 6 y diciendo: Señor, mi criado está postrado en casa, paralítico, gravemente atormentado. 7 Y Jesús le dijo: Yo iré y le sanaré. 8 Respondió el centurión y dijo: Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente di la palabra, y mi criado sanará. 9 Porque también yo soy hombre bajo autoridad, y tengo bajo mis órdenes soldados; y digo a éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace. 10 Al oírlo Jesús, se maravilló”

Pero en ambos casos no hay dudas de que el Centurión quería que lo ayude, pero no quería que Cristo fuera a la casa. Es tan claro como comprensible que trataba de evitar que vean a un judío enemigo de Roma, entrando en la casa de un Centurión Romano.

Tan claro, como que quería que Cristo lo ayudara y que el Centurión tenía poder sobre su ejército. Y tan claro como que eso a Cristo –según Lucas y Marcos- le maravilló. Y cuando hablamos de eso, hablamos de que, a través del Centurión, Cristo se había entramado el más que estratégico acceso a tener poder sobre los soldados romanos. A pura Magia.
Pero en seguida veremos que junto a eso entramó a alguien más de – por lo menos- la misma importancia, pero no militar sino social: un personaje rico y de la nobleza.

Solamente consideremos lo que significa Longinus el Centurión. Se trata realmente un personaje más que clave. Una aguja en varios pajares: de hecho, es el único romano que en toda la Biblia aparece como seguidor de Cristo. Y más importante aún: el único al que atribuyen haber dicho la patognomónica frase distintiva con esa con la que vimos que se reconoce al Mesías: “Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios”

Es decir, no hay indicio alguno de que haya sido comprado, era un verdadero seguidor. Sí podía suceder que él contribuyera para que se comprara a sus soldados -pero él, no hay por qué pensar que haya sido pagado- Y de hecho, muy sintomáticamente, hay dos escenas de la Cruz donde los soldados y un soldado operan de manera más que sospechosa.

Y ambas están consignadas por Juan, que es el único evangelista que estuvo al pie de la Cruz, y por lo tanto su testimonio es de primera mano.

Juan 19,23, dice que:
“Cuando los soldados hubieron crucificado a Jesús, tomaron sus vestidos, e hicieron cuatro partes, una para cada soldado. Tomaron también su túnica, la cual era sin costura, de un solo tejido de arriba abajo. 24 Entonces dijeron entre sí: No la partamos, sino echemos suertes sobre ella, a ver de quién será. Esto fue para que se cumpliese la Escritura, que dice: Repartieron entre sí mis vestidos, Y sobre mi ropa echaron suertes. Y así lo hicieron los soldados.

La escena muestra con claridad que no hicieron lo que habitualmente hacían los soldados sino que justo ¿qué se les ocurrió? casualmente, justito lo necesario para cumplir la Profecía. Exactamente esa misma estructura de no cumplimiento de lo habitual, que desemboca en el cumplimiento de la Profecía –de que todos sus huesos tenían que estar sanos, en este caso- y en algo más, mucho más sospechoso aún, es lo que testimonia Juan 19,33-34:

“Pero al llegar a Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza y al instante salió sangre y agua”
Lo cual nos ubica de lleno ante la escena del famoso “lanzazo” en el costado.

Plinio El Viejo dice que un soldado –por lo tanto, respondía a Longinus- lo que le hizo a Jesús con la lanza, fue un “Pilus”. Pero antes, aparece el otro personaje entramado, de enorme importancia, que antes anticipábamos. Otro de esos que la Biblia al mismo tiempo muestra y esconde:

Marcos 15,42:
“Cuando llegó la noche, porque era la preparación, es decir, la víspera del día de reposo, 43 José de Arimatea, miembro noble del concilio, que también esperaba el reino de Dios, vino y entró osadamente a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús”

martes, 8 de noviembre de 2022

LA OTRA HISTORIA DE CRISTO capítulo XXXIX





Por ejemplo el tema del casquete conocido la corona de espinas. Esto es relatado durante los hechos que transcurren en la fortaleza Antonia. Y la fortaleza Antonia no tiene plantas de espinas pero Marcos, Mateo y Juan nombran la corona de espinas. ¿Qué quiere decir esto? que existió, pero las ramas las tenían preparadas porque los soldados las traían desde otro lugar, lo cual significa que se las ponían a muchos condenados.

Y efectivamente, eso era algo que los soldados habituaban a poner en los crucificados ¿Por qué? Porque el casquete era parte de la tortura para no permitirles descansar la cabeza y comprimirles más los pulmones. Les dolía si querían apoyar la cabeza, y les daba muchos más problemas todavía a la respiración.

Cuando los romanos querían hacer una crucifixión más ejemplar es cuando lo querían matar más lento; y para eso disponían de tres formas diferentes: La que más tiempo llevaba era la crucifixión con estribo -la cola se podía apoyar en un estribo-, lo cual permitía descomprimir los pulmones y respirar. Significaba días y hasta semanas en la Cruz hasta morir.

La segunda en tiempo, fue la que le aplican a Jesús: el clavado de pies, también permitía respirar afirmándose sobre los pies, aunque obviamente el efecto del clavado reducía más o menos a la mitad que el estribo el tiempo hasta la muerte.

Y la más espectacular de todas, que producía mucho más sufrimiento y ahogo, pero reducía considerablemente el tiempo hasta la muerte, era la cruz cabeza abajo. Y esta es la que es la que le correspondía a Jesús por sus cargos.

Es decir: algo muy extraño y sospechoso sucedió, porque a un sedicioso lo tenían que poner cabeza abajo supuestamente. Y a Jesús no lo ponen cabeza abajo. Y ya que estamos en la escena inicial de la Cruz, hablemos también de los laderos de Cristo: Dimas y Cistas.

Empecemos por aclarar que, pese a lo que se cree en el mito popular, no son nombres. De hecho en la Biblia jamás figuran tales nombres, pues era necesario usar a los laderos para
hacer cumplir la Profecía, como bien lo especifica Marcos 15,27:

“Crucificaron también con él a dos ladrones, uno a su derecha, y el otro a su izquierda. 28 Y se cumplió la Escritura que dice: Y fue contado con los inicuos”

¿De dónde vienen entonces los nombres Dimas y Cistas? Del Protoevangelio de Santiago. Y de qué habla eso, si no eran nombres de dos grados de Gladiadores Romanos. Básicamente Dimas era el que combatía con espada y Cistas era el que combatía con un guante, con pinchos y plomos especiales.

Gladiadores ¿Y por qué se condenaba a los gladiadores? Uno de los motivos más importantes, más normales, más comunes era cuando aceptaban ser guardaespaldas de un ciudadano. Un gladiador no podía ser guardaespaldas de un ciudadano. Y a Cristo lo condenan con un Dimas y un Cistas, que son dos gladiadores que demostraban tener un trato muy cercano con Cristo, porque le dicen “¡eh tú! ¿no eras el rey? ¡Libéranos!”.

Por supuesto que sería perfectamente lógico y coherente que lo crucifiquen junto a sus guardaespaldas para completar el mensaje de “esto es lo que les pasa a quienes tienen guardaespaldas, y esto es lo que les pasa a los guardaespaldas”

Pero lo que aquí nos importa es que por sediciosos, los tres tenían que estar cabeza abajo, ninguno de los tres lo estaba. Y un detalle fundamental: a los otros dos les rompen las piernas, y a Cristo no. Y las piernas se las rompían como un acto piadoso –el crurifragium, lo llamaban- para que no puedan apoyarse y así mueran más rápido. ¿Por qué les tendrían piedad? Porque muchos de los soldados habían sido gladiadores. Era muy normal que hubiera amistad entre gladiadores y soldados.

Los tres tenían que estar cabeza abajo, y no lo estaban. Pero para que mueran, a Dimas y Cistas les rompen las piernas. Entonces, si no les rompían las piernas no podían morir tan rápido como se supone que murió Cristo.

Entonces, que no le rompieran las piernas a Cristo muestra algo más: que no querían que Cristo muriera. Y por muy raro que parezca en un primer momento casual y precisamente en esa misma dirección va el hecho de que no estuvieran cabeza abajo. Esa forma de crucifixión era mucho más sufriente y mucho más rápida, porque los asfixiaba muy rápido, y mucho más aún si habían heridas internas: se ahogaban en su propia sangre.

Los romanos, como sabían perfectamente que se tardaba un montón de tiempo en morir en la Cruz, no tenían mucho apuro y no tenían interés de que el tipo muera rápido, pues la Cruz tenía la función de condena ejemplificadora: “Mira lo que te pasará si eres como él”, si eres sedicioso, si eres zelote, si eres esto, si eres lo otro, si eres lo que Roma no quiere que seas.
Si querían apurarle la muerte, era cuando le quebraban las piernas porque todo el peso se descansaba en los brazos y nadie podía resistir el paro cardio-respiratorio, pero necesitaban quebrarle las piernas.

Isaías 53,7; referido en Mateos 26,59 y 61.
El Mesías guardó silencio ante las acusaciones Isaías 53,5; Zacarías 13,6; referido en Mateo 27,26. El Mesías será herido, Isaías 50,6; Miqueas 50,1; referido en Mateo 26,67 y en Lucas 22,63.

Manos y pies serán horadados, esto es importante. Le podían atar si querían las manos a la Cruz. Tardaba mucho más en morirse. Pero la profecía pedía que sea horadado. A Cristo lo tenían que clavar a la Cruz.

Manos y pies fueron horadados, pero no tenían que romperle huesos. Salmos 22,16; Zacarías 12,10; Zacarías 13,7; referidos en Mateo 27,38 y Marcos 15,27.

El Mesías resucitará, Salmos 16,8-10. Salmos 49,9; referido en Lucas 24,1-8.

El Mesías resucitará y nos hará justos delante de Dios, carta a los Romanos 4,25; el Mesías es señor de aquellos que saltamos al vacío.

Bien, esta es la muestra de qué calibre cuestiones tenían que ser cumplidas para las Profecías.

Todo fue tan Maestro, tan raro y tomó a todos tan por sorpresa –pues ninguno podía siquiera imaginarse que Cristo estuviera digitando todo eso que sucedía- Que de hecho, después de la Cruz, a Pilatos lo saca Roma. No lo quiere más, porque absolutamente nada de lo que había sucedido, había quedado claro.

“…y el que escribe es Juan y todos sabemos que él dice la verdad”

Lo que cargaban era un travesaño, no la Cruz: había un palo clavado en la tierra, ese palo estaba fijo, y cada uno llevaba su propio palo transversal, lo subían con unas cuerdas, y según la condena, los clavaban, los ataban, los ponían para arriba, los ponían para abajo, les ponían estribo o les clavaban los pies. Todo eso estaba perfectamente detallado una vez ubicada la condena romana –como ya vimos, los judíos no crucificaban-.

Finalmente, una vez que lo subían a la Cruz, lo único que se podía hacer era probar si ya estaba muerto o si se decidía por algún motivo quebrarle las piernas para que se muera más rápido. ¿Qué quiere decir “por algún motivo” había otros que crucificar? A veces sucedía, eran tantos que no alcanzaban las cruces. Pero en el caso de Jesús, ocurre otro fenómeno muy extraño. Según Lucas, cuando estaba cargando el travesaño hasta les da un sermón:

Lucas 23,28:
“Pero Jesús, vuelto hacia ellas, les dijo: Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, sino llorad por vosotras mismas y por vuestros hijos. 29 Porque he aquí vendrán días en que dirán: Bienaventuradas las estériles, y los vientres que no concibieron, y los pechos que no criaron. 30 Entonces comenzarán a decir a los montes: Caed sobre nosotros; y a los collados.
Cubridnos. 31. Porque si en el árbol verde hacen estas cosas, ¿en el seco, qué no se hará?”
O sea, primero y principal, tenía tanta energía todavía como para de manera arrogante, parar y darles un sermoncito. Pero además quiere decir algo muy raro: que los soldados le permitieron detenerse y vanagloriarse dándoles un sermón a los presentes. ¿Ustedes se imaginan a los romanos, cabeza gacha, haciendo un acto de constricción? Falta que se golpeen el pecho diciendo “mea culpa”

Marcos 15,21:
“Y obligaron a uno que pasaba, Simón de Cirene, padre de Alejandro y de Rufo, que venía del campo, a que le llevase la cruz”

LA OTRA HISTORIA DE CRISTO capítulo XXXVIII



Teniendo todo para que sea idolatrado por su estirpe y sus señales fue inmensa, infinitamente Más Allá del ego, y eligió – lo que el yo menos quiere y más teme: mofa, escarnio y befa, como dirían los romanos.

Esa misma Sangre de Realeza doblemente pura en la que él eligió no apoyarse y no apoyar su lugar de Mesías es lo que el pueblo eligió que viva, protegiendo a ese hijo que no sólo tenía la sangre de David y Aarón, sino que encima estaba enriquecida aún más con la de Magdalena, que venía del Culto de Ishtar. Sangre purísima claramente protegida.

Los Tiempos de La Cruz
Sólo basta ver cuestiones tales como que, según la Biblia Dice Marcos 15,25: “Era la hora tercera cuando le crucificaron”Pero dice Juan 19,14: “Era la preparación de la pascua, y como la hora sexta. Entonces Pilatos dijo a los judíos: “He aquí vuestro Rey”.

Es decir: según Marcos ya estaba en la Cruz cuando según Juan recién 3 horas después lo presentaba ante los judíos. Es decir: ya estaba crucificado antes de ser juzgado. Es decir gato encerrado.

Y nuevamente, un gato estilo “El Gato de Schrödinger”: estaba en varios lugares al mismo tiempo.

Pero la conspiración se vuelve mucho más gatuna aún, cuando se trata de seguir el orden temporal en un solo Evangelio. Más o menos sería así: Al alba Pilatos lo juzga –lo cual supone a Pilatos levantándose antes del alba y por un judío- muy poco tiempo después de que fue aprendido.

Eso, ya es una anomalía en sí misma. Cuando se tomaba un prisionero, estaba un montón de días detenido. Nunca lo detenían y lo juzgaban en el mismo momento, pues era todo muchísimo más difícil. En cambio si lo tenían bajo la terrible custodia romana varios días lo “ablandaban” lo suficiente y obtenían del prisionero la docilidad que querían.

A Cristo en cambio, se supone entonces que Pilatos lo juzga de inmediato; y luego lo mandan a Herodes, y vuelve a Pilatos Todo esto entre las horas: “Tercia y Sexta” ¿Que son las horas Tercia y Sexta? Los romanos no dividían el día en 4 partes de 3 horas cada una, dando un total de 12 horas:

Hora Prima, desde la salida del Sol -aproximadamente desde las 6- hasta las 9 horas.
Hora Tercia, desde las 9 hasta las 12 horas.
Hora Sexta, desde las 12 hasta las 15 horas.
Hora Nona, desde las 15 hasta la puesta del Sol -más o menos las 18 horas-
Para entenderlo fácilmente: la clave está en la Hora Sexta, que es el mediodía. Y de ahí un tiempo por hora, o sea la hora tercia son tres horas menos, qué hora es la hora tercia? Las 9 de la mañana. La hora nona tres horas más, qué hora es la hora nona? Las tres de la tarde. Y la primera estrella marcaba el final del día. O sea el día terminaba entre las 6 y las 7 de la tarde.

Y el promedio de lo que dice la Biblia, sería que a la hora prima, lo que estaría empezando a ubicar el alba, seis de la mañana, fue aprendido. A la hora nona fue sentenciado y a la hora sexta fue crucificado y antes de la salida de la primera estrella lo bajaron de la Cruz. Tiempo súper record, inédita eficacia de la justicia, con una celeridad que no sólo no existía en aquellos tiempos sino ni siquiera hoy.

Según Juan, el Martes es la Última Cena y la aprensión. El Viernes lo juzgan, el Sábado lo crucifican y a la tarde lo bajan de la Cruz. Como ven, los tiempos son más creíbles. Eso es lo que tiene de Diferente Juan: los tiempos desde la detención hasta la Cruz.

Ahora que tenemos “La Sagrada Biblia” y más Sagrado aún: Los Apócrifos y unir la Biblia con los Apócrifos es casi sinónimo de hablar del hijo de Cristo.

Barrabás es el hijo de Magdalena y de Jesús. Su nombre, obviamente, no es Barrabás ¿Cuál es el nombre verdadero? Lo reservamos para después Jesús está en un momento
dificilísimo. Su enseñanza parece, a ojos de quienes no conocen su Plan -lo cual incluye a su círculo más estrecho- que no le llegó a nadie, parece que todo fue para nada y sabe lo que le espera en la Cruz.

¿Cuál es la causa de la muerte en la crucifixión?

La respuesta final, es contundente: paro cardio respiratorio. Y acá hay una larga historia. Y precisamente, tiene que ser larga la historia, si no, no sirve pues para decirlo todo de entrada: nadie muere por tres horas de cruz.

Flavio Josefo era general del Ejército Romano -pero había sido judío, ya hemos visto la historia- y cuenta una escena desgarradora. Dice que hubo 2 revueltas muy, muy serias: en el 40 y en el 60 después de Cristo. La de Espartaco es una de ellas, ustedes la habrán escuchado nombrar. Es cuando los gladiadores se revelan y Pilatos, para dar un ejemplo aleccionador, mandó a crucificar cuatro mil soldados en la misma tarde. Y en la otra, la del 60 después de Cristo, mandó a crucificar 7500 soldados. Y en una de las sediciones contra Roma, Pilatos manda a crucificar 4000 personas en una misma tarde.

O sea de crucifixión, los romanos sabían muchísimo ¿está claro?

Cuenta Flavio Josefo, que entre un pueblo y otro pueblo a veces había una cruz cada 7 a 10 metros, porque no había lugar material donde ponerlos. Entonces cuenta una escena desgarradora. Cuenta que él, como general de la tropa Romana, iba de pueblo a pueblo, y en los costados estaban todos los que habían sido sus compañeros, crucificados. Y desde la Cruz le decían “amigo, ayúdame” y estaba absolutamente prohibido bajar un crucificado: te crucificaban peor –y ahora vamos a decir qué quiere decir crucificar peor- Cuenta Flavio Josefo que él dio la orden de que nadie mire hacia el costado.

Pero lo que no se puede prohibir es escuchar. Y una de los crucificados, era uno de sus aliados más poderosos en combate, y Josefo lo escuchó y supo que “a ese es una injusticia”, porque él sabía todo lo que ese había hecho por Roma.

Estaba entre pueblo y pueblo, y dos días después, cuando llega a destino, le pide una entrevista urgente a Pilatos, quien lo recibe. Le dice entonces que es una injusticia total, que entre los condenados hay gente que no tiene que estar crucificada, es gente fiel a Roma, le ha dado sus hijos, su vida, le dio todo a Roma, y le da una serie de nombres, entre los que estaba ese amigo. A Pilatos le interesaba el bien del ejército, y acepta. Josefo entonces vuelve y lo bajan de la Cruz, y sobrevivió.

Pensemos entonces: dos días para ir, dos días más para volver, más lo que ya había estado en la Cruz. Cinco días de cruz por lo menos y el tipo estaba vivo. Ahora bien convengamos que para resucitar hay que hacer primero un pequeño trámite que es morirse. Si Cristo no murió, Cristo no resucitó.

Yo voy a tratar de demostrarles que Cristo no resucitó –al menos y especialmente, en el sentido habitual que se entiende por eso - Y por lo tanto, el último milagro posible, que era el de la Resurrección, no sólo no existe sino que no es necesario.

Saquemos del mito eclesiástico a Cristo, y pongámoslo como una persona igual a nosotros pero que aprendió cosas superiores a las que aprendemos nosotros y tratemos de desafiarnos con la hipótesis de ¿qué pasa si uno aprende eso mismo?

Cristo jamás resucitó, porque Cristo jamás murió en la Cruz. Y Cristo jamás murió en la Cruz, primero y principal porque nadie muere en tres horas de cruz. Y Cristo estuvo desde la hora sexta hasta la hora nona. Y en eso no hay muerte y por lo tanto, no hay resurrección.

Todo condenado, antes de la Cruz, tenía flagelo. Todos. Pero el flagelo solía durar entre uno y tres días. Y a Cristo lo flagelaron 2 horas. El flagelo, muy comúnmente, se aplicaba “por ejemplo” –dicho esto literalmente- a gente que venía de combate y había desertado. Pero si venían de combate, ya venían debilitados, heridos y mal alimentados.

Jesús estaba en perfecto estado de salud -era esenio- medía 1,80, pesaba 79 kilos, y estaba óptimamente alimentado hasta un par de horas antes de que lo prendan.

El flagelo que le aplican a Jesús, yo no digo que no sea terrible –entiendan por favor que es un tipo que sufrió un flagelo imposible para cualquiera de nosotros en nuestra cabeza- pero fue nada comparado a lo que hacían los romanos.

Cuando en un campo de batalla se pierde un miembro -que es infinitamente peor que lo que le pasó a Cristo en su peor momento- suelen estar días todavía vivos, desangrándose y deshidratándose en consecuencia. En total Cristo no perdió un litro de sangre, y perder un litro de sangre no mata a nadie.

Pero, junto a todo esto, hay que entender que lo que sucedió con Cristo en la Cruz es extremadamente “extraño”. Primero hay que entender que la Cruz puede ser más benigna o menos benigna. Y cuanto más benigna peor. Es al revés de lo que se cree. Cuanto más benigna era la Cruz, cuanto más cómodo estaba el tipo en la Cruz muchísimo peor resultaba, porque alargaba el tiempo de agonía.

Y a Cristo, le dan una de las más suaves de todas, lo que significaba que era para que estuviera colgado muchísimo tiempo antes de poder morir. ¿Qué significaba una Cruz más benigna? Primero, el flagelo, insisto, existió. Sufrió, nadie lo duda, nadie se burla, nadie pretende poner en duda eso. Pero hubo –y muy habitualmente- flagelos infinitamente peores que daban los romanos. Tenemos que ver muchos detalles, porque todos, absolutamente todos, apuntan en la misma dirección: no hubo muerte en la Cruz.

LA OTRA HISTORIA DE CRISTO capítulo XXXVII

 



¿Cómo Jesús festejaba la pascua, si en la pascua estamos festejando a Jesús? Lo que Él festejaba era la Pascua como todo judío, la pascua Judía.

A su vez el Sanedrín para dar pena de muerte no podía convocar al pequeño Sanedrín, tenía que convocar al gran Sanedrín que eran 77 miembros. 22 miembros era el pequeño Sanedrín. Y el pequeño Sanedrín es el que se juntó para Jesús, dice la Biblia, por lo tanto no podían darle una condena a muerte. O sea, no lo pudo haber nunca condenado el Sanedrín.
Como impronta inicial, Pilatos queda anotado como un bonachón que se lava las manos. Y la esposa de Poncio aparece en la mitad y le dice “tuve un sueño, no toquen a ese hombre”, tratan de protegerlo a Poncio ¿por qué? porque la Biblia estaba escrita en época de Masada y había que lograr que los romanos pasen a ser buenos y además, como ya se quería llevar la Biblia a los gentiles no podían quedar como malos precisamente los gentiles.

Paralelamente, es impensable, es imposible, sería el pecado más grave que puede cometer el pueblo judío, lo que le hace decir Lucas a ese pueblo: “Asesínalo, nuestro único rey es el emperador, nuestro rey es el emperador”. Un judío que dijera eso, directamente está renunciando a ser judío.

A ver la historia fue así, a Cristo lo toman y al primero al que se lo llevan es a Caifás. Caifás, sumo sacerdote del Sanedrín. Ahí es donde se dice, ¿Ves que era un juicio judío? No es así. Simple y concretamente era obligatorio llevárselo, porque para los judíos, Cristo era un líder religioso. Entonces primero tenían que dirimir entre ellos su cuestión. Los que lo fueron a buscar, fueron los romanos; y Roma estaba obligada, cuando tomaba un líder religioso judío, llevárselo primero al Sanedrín. Caifás, es el primero que lo juzga.

El que era muy respetado era el suegro de él, que era el anterior sumo sacerdote, Ananías. Ananías era el que el pueblo quería, respetaba, y sus decisiones eran sabias. Ananías estaba en contra del juicio a Cristo. A Caifás lo remueven del Sanedrín después del juicio a Cristo. Quedaron tan disconformes de lo que hizo Caifás -qué hizo, ahora lo vamos a ver- que directamente después lo remueven. Pero sucede que Ananías había llegado a la edad límite en que podía ser sumo sacerdote, por ese motivo, pasó a ser una especie de El Padrino al final de la película: aún retirado, desde las sombras era el consejero que decía que había que hacer y qué no.

Caifás estaba siendo el que lo recibía y dice “no, en realidad se lo está acusando por un motivo político, envíenselo a Poncio”.

Primero Caifás, Caifás se lo manda a Poncio. Poncio dice “no, no es de mi distrito”, ahí te lo tratan de mostrar como un bonachón.

Empieza a ser como el bonachón “no es de mi distrito, yo estoy en el distrito del sur, él está en el distrito del norte, esto pasó en Galilea, mándenselo entonces a Herodes”
Caifás se lo da a Poncio. Poncio se lo pasa a Herodes. Herodes le hace el primer juicio y dice “no encuentro motivos por los que juzgarlo”, llévenlo otra vez a Poncio. Caifás, Poncio, Herodes, Poncio, otra vez. Poncio no tenía mucho problema en juzgarlo. No existe el Poncio bonachón, que se hace el buenudo y se lava las manos y menos aún existe, en toda la historia de Roma, la escena clave de la que vamos a hablar ahora.

Liberando a Barrabás
Y para empezar siendo muy claros, digámoslo todo: no existe la escena del pueblo eligiendo a quién va a juzgar. No existe. En toda la historia de Roma, jamás a Pilatos le interesó lo que el pueblo dijera. Además, lo que menos querían los romanos era que el pueblo judío se uniera y se reuniera en algún acto público.

Y además, el pueblo judío estaría reuniéndose el Sábado de Pascua, lo cual estaba expresamente prohibido por la Mishnah. Es decir, esa supuesta escena contradice todo Ni Roma hacía eso, ni la Mishnah les hubiera permitido a los judíos hacer eso.

¿Qué nos cuenta entonces la Biblia? Una simbología gigante, enorme, importantísima pero que no hay que confundir con historia. Esa simbología acuña a Poncio diciendo: no, yo no lo voy a juzgar; y según Lucas, el pueblo es quien lo juzga, y hasta grita “sí, que recaiga sobre nosotros, sobre nuestra sangre hasta nuestra séptima generación.

Impensable que un judío pida que sus hijos queden juzgados por algo que hacían ellos.
Pero ¿qué cuenta la leyenda? Que Poncio convoca al pueblo -pueblo que no se podía convocar en Pascua, y que jamás era convocado- para una condena que sería elegida por el pueblo –que jamás era consultado- Y que eligiera ¿entre qué opciones?

Acá está la clave inmensa, gigante, y la verdadera justificación y motivo de toda esta leyenda: La elección debía ser entra Jesús y uno de los personajes más enigmáticos de toda La Biblia: Barrabás.

Barrabás es mucho, mucho más importante aún que los dos Judas porque es el que tiene la clave de la continuidad de la historia de Cristo hasta nuestros días. La Biblia se contradice enormemente respecto del cargo: Dos Evangelistas dicen que estaba encarcelado por haber participado en una sedición, una insurrección en la que se había cometido un homicidio.

Marcos 15,7:
“Y había uno que se llamaba Barrabás, preso con sus compañeros de motín que habían cometido homicidio en una revuelta”

Lucas 23,19:
“Este había sido echado en la cárcel por sedición en la ciudad, y por un Homicidio”
Pero otra cosa dice Juan 18,40:
“Entonces todos dieron voces de nuevo, diciendo: No a éste, sino a Barrabás. Y Barrabás era ladrón”

Y más inespecífico aún es Mateo 27,16:
“Y tenían entonces un preso famoso llamado Barrabás”

Y en tanto el único punto más o menos idéntico entre los diferentes cargos, es el de sedición o insurrección, vale preguntarse entonces si había habido alguna insurrección cercana al juicio a Cristo. Y la respuesta es sí: la entrada al Templo. Todo apunta en esa misma dirección de que participó en la entrada al Templo. Pero para entender quién era Barrabás, éste dato es absolutamente insuficiente .

Y por supuesto, si se trata de diferenciar lo que existe de lo que no, la escucha tiene la clave, pues en muy primer lugar, sucede que Barrabás no es una palabra Judía; ni siquiera se parece a un nombre judío. Como sucedía, por ejemplo, con Abraham o con Lázaro, en toda la Biblia, ni antes ni después, alguien más se llama Barrabás.

Y tal como lo hemos visto, cuando en la Biblia hay un personaje con nombre único ese no es un nombre: está hablando de otra cosa. Y en efecto, Barrabás, en sí mismo no es un nombre; Barrabás es otra cosa. Barrabás es presentado como una elección que hace el pueblo, prefiriendo conservar a Barrabás y no al Rabí. Barrabás y el Rabí.

Barrabás, como nombre no existe, pero “Bar” que significaba “hijo” Y en arameo, Bar Abba o Barrabás significa “hijo del padre”. Bar Rabás sería “Hijo de Rabás”. Rabás no existe, pero Magdalena –como puede verse, por ejemplo, en Juan 20,16- lo llama muchas veces “Raboni”.

Raboni es una manera cariñosa de nombrar al Rabí. Quiere decir al Rabí le deformaban el nombre. Bar Rabás, es un juego de palabras, en el que se apoya Bar Rabí, El Hijo del Rabí. La dialéctica es entre el hijo de Cristo, y Cristo.

Y una vez visto eso, se hace perfectamente comprensible la simbología que está tratando de ubicarse cuando se elige a Barrabás para que viva: se trató de preservar a la descendencia, a la sangre, que el hijo sobreviva si tenía que morir Cristo.

Barrabás es un personaje que aparece totalmente esclarecido con la leyenda posterior a la Cruz, cuando empieza a ocurrir que hay un hijo de Cristo que aparece en escena. Pero en la historia oficial, nadie sabe de dónde salió.

¿De dónde salió?
En primer lugar, salió de lo que se hace evidente en la leyenda de la elección: la decepción que el pueblo ya tenía con Cristo. Pues veamos lo obvio: la escena refleja que el pueblo no tenía inconvenientes en entregar a Jesús.

Por supuesto que no podemos olvidar que eso era parte del Plan de Jesús, porque lo tenían que entregar. Entonces hizo todo lo necesario para molestarlos, desilusionarlos, que le tengan ira y lo entreguen a él y la escena muestra que le salió fenomenalmente bien. Y tampoco podemos olvidar lo que eso dice de la calidad iniciática extraordinaria de Cristo.






LA OTRA HISTORIA DE CRISTO capítulo XXXVI

 




En la Última Cena de Leonardo Da Vinci, con claridad se ve que quien está sentado a la izquierda de Jesús tiene el rostro idéntico al de Jesús.

No hay dudas de que había un gemelo de alguien, al que escondieron así como ocultaron muy celosamente de quién era gemelo.

Ya en el capítulo 1,4 mientras juega a confundir con el Judas traidor, dicen que era hasta tal punto semejante en su cara a la de Jesús, que la misma María y los Apóstoles eran engañados por ella. El mismísimo Evangelio de Thomás revela en el capítulo 13:

“Jesús dice a sus discípulos: Comparadme con alguien y decidme a quién me asemejo. Simón Pedro le dice: Te asemejas a un ángel justo. Mateo le dice: Te asemejas a un filósofo del corazón. Tomás le dice: Maestro, ¡mi boca es totalmente incapaz de decir a quien te asemejas! Ya al venir Tomás a sus camaradas, le preguntan: ¿Qué te dijo Jesús? Tomás les dice: Si os dijera siquiera una de las palabras que me dijo, cogeríais piedras para lapidarme, y fuego saldría de las piedras para consumiros”

Si ya no hay dudas de que existe un gemelo aún cuando muy significativamente lo tengan que adjudicar a un demonio Los Hechos de Thomás, del capítulo 31,2 a 39 no dejan lugar a dudas de quién es mellizo:

“Un demonio, introducido dentro del cuerpo de una serpiente, confiesa ante Thomás que Jesús tiene un hermano gemelo: pues yo sé que tú eres el hermano gemelo de Cristo, enemigo perpetuo de nuestra raza.

Mellizo de Cristo, Apóstol del Altísimo e Iniciado en las Palabras Secretas de Cristo; Tú, siendo el que recibes sus expresiones más secretas has recibido los misterios más ocultos ubicado esto, es Clave considerar que desde el origen mismo de la Biblia, un gemelo era sinónimo de una señal de Dios directa sobre esa familia.

Desde Rómulo y Remo, en todas las culturas Ormuz y Ahriman, Ishbalanque y Hunabku, y tantos otros ejemplos en las más diversas culturas, muestran la recurrencia en una pareja de gemelos que cambia todo.

Cuando el Sanedrín tuvo que anotar a los dos, el Sanedrín sabía que había dos, el Sanedrín no buscó más. Este es el iniciado. Tiene el linaje, la estrella, los reyes y una señal que era desconocida para todos.

Aún hoy en las iglesias de medio Oriente, es muy común ver lo siguiente: José tiene un bebé en brazos y María tiene otro; ambos con la misma cara. Exactamente como en la Última Cena, que Da Vinci también pinta a otro con la misma cara de Cristo.

Al respecto, en las Actas de Thomás, 8,11 hay una escena imposible de entender, pero con esta Clave, se vuelve absolutamente transparente: Están en una fiesta y Jesús se va y de pronto lo ven a Jesús en la misma fiesta.

Todos describen que no entienden cómo, si todos vieron que se fue, ahora estaba en la fiesta. Esto muestra dos cosas: que no todos estaban al tanto del gemelo, y que había un claro “aprovechamiento” de la situación para producir “milagros”. Está muy claro que no hay indicios de que todos lo supieran. Quienes lo sabían eran la mayoría de la familia; y los del Sanedrín, que los habían anotado al nacer –y obviamente, lo tomaron como la señal concluyente-. Y había muchos rumores que a muchos que ni eran de la familia ni eran del Sanedrín, los hacían sospechar.

Pero para quienes sabían el secreto, el problema era “cuál era cuál”. El Sanedrín advierte a Roma –no tenía por qué no hacerlo, pues también quería que Cristo fuera detenido, en tanto los hostigaba constantemente y representaba para ellos una amenaza continua-.

Cuando entonces van a detenerlo, precisaban que alguien les señalara cuál era Cristo; y para eso necesitaban alguien que los pudiera distinguir. Es decir alguien de la familia, que estuviera dispuesto a traicionarlo.

Y Judas Iscariote era de la familia. Es decir bienvenidos al “Beso de Judas”:

Judas con su beso señala al maestro para que no se lo pueda confundir con su gemelo. Inclusive así, aún estaba la posibilidad de que tal vez ese que le estaban entregando no era al Maestro, sino que lo protegían entregando al gemelo.

Por eso presionan un poco en la escena de la detención, y se produce el episodio de la espada. Por supuesto que ni el Sanedrín ni los romanos podían siquiera sospechar que Judas estaba mandado por Cristo, que no le iba a entregar a otro porque el que comandaba eso por detrás era Cristo.

Por eso para ellos era muy importante estar seguros de que no pasaban el papelón de haberse llevado al mellizo y dejar suelto al que buscaban que era nada menos que la amenaza más directa, cercana y conjunta a Poncio Pilatos y al poder del Sanedrín.
La aclaración de que el que estaba con ellos era “Judas, el que le entregaba” –léase “no confundir con el otro Judas”- adquiere tanta importancia como la pregunta acerca de a quién buscan y que no le creían mucho la respuesta.

Entrando en Juicio
Es muy necesario advertir que Pilatos en ningún momento sospechó que todo lo que estaba sucediendo, seguía un plan de Cristo. Pilatos era un tipo tosco, bruto. Era un general romano que de lo único que sabía era de ejército. No tenía la más mínima sospecha de que en realidad Judas Iscariote estaba mandado por su tío. Por Jesús. Y que junto al Sanedrín confiara en que Judas le estaba entregando a Cristo, demuestra que no sospechaba en absoluto que estaba mandado por Jesús para que lo envíe al mismísimo Jesús a la Cruz.

 Entonces no quiero dejar mucho lugar a dudas: A Cristo lo capturaron y lo mataron los romanos.

Lucas 23,1:
“Levantándose entonces toda la muchedumbre de ellos, llevaron a Jesús a Pilato. 2 Y comenzaron a acusarle, diciendo: A éste hemos hallado que pervierte a la nación, y que prohíbe dar tributo a César, diciendo que él mismo es el Cristo, un rey”

Si el juicio a Cristo era un juicio hebreo toda la Mishnah queda contradicha. La Biblia dice que al alba Pilatos lo tenía ya detenido, y que a la noche lo había ido a buscar, y que el juicio transcurre entonces un Sábado; todo absolutamente imposible para los hebreos. Y encima, un Sábado y de Pascua. Los hebreos jamás hubieran podido hacer eso. No se pueden reunir el Sábado, y menos aún, si es de Pascua. Y Pilatos nunca en su vida se levantó al alba. Y menos lo iba a hacer por un judío.

El factor tiempo es absolutamente clave y estratégico. Si los hebreos hubieran querido matar a Jesús, lo podían haber hecho por sobrados motivos. Deuteronomio 18 es donde está todo lo que se puede y lo que no se puede en Pascua, y todo lo que en general se puede y no se puede en la Mishnah. Da todos los motivos, y Jesús los contradijo de un modo flagrante, porque como habíamos dicho, quería enojar al pueblo, quería que lo entreguen, porque parte de la profecía era esa. Ahí se empieza a explicar todo.

Vamos a ver todos los cargos por los que los judíos, si lo querían juzgar ellos, no precisaban de Roma, lo cual es una demostración de que el juicio no fue judío sino que fue romano, porque si los judíos querían podían juzgarlo por cargos expresamente prohibidos, tales como: Enseñar lo prohibido. Desviar al pueblo. Violencia contra el Templo Sagrado. Separar hijos de padres -lo dijo explícitamente-. Encuentro con el diablo –en el desierto-. Evocación a Moisés y Elías –en el monte Hermón-.

Diálogo con su padre en Getsemaní -si se considera que el padre era Dios, porque estaba prohibido hablar con un Ser Celestial; si se considera que el padre era Judas de Gamala porque estaba prohibido hablar con un muerto.

Y no podemos olvidarnos de: Enseñar y practicar Magia. El Éxodo 22:17 dice literalmente “matarás al hechicero”, Cristo era visto como un milagrero, eso era un hechicero.

Si el Sanedrín quería dar pena de muerte a Jesús podía hacerlo sin necesidad de molestar a Roma ni a Pilatos. Si el tema era religioso y no político y no guerrero ¿está claro esto? De hecho, el Sanedrín juzgaba a muerte, y tenía cuatro modalidades:

El Sanedrín mataba por decapitación, por lapidación, por ahorque y por asfixia -que no es lo mismo, asfixia era sepultarlo bajo piedras y seguir tirándole piedras hasta que se asfixie-.
Entonces: el Sanedrín tenía sus maneras de juzgar, tenía sus juicios, tenía sus condenas y tenías sus formas de ejecución, si quería matar. A Cristo no lo capturaron, ni lo juzgaron y no lo mataron a la manera judía. Y de hecho lo mataron en la Cruz y esa era la señal, el logotipo de Roma para todos los enemigos.

Basta el sólo dato de que se trataba de la noche de Pascua judía, y el Sanedrín jamás se podía haber juntado esa noche. Jamás, nunca. La pascua Hebrea existía y existe. ¿Qué conmemora? El Éxodo de la Biblia, cuando salieron de Egipto. O sea la pascua no es una cosa cristiana.