miércoles, 3 de marzo de 2021

LA CAPILLA SIXTINA 42 (Pecado original y expulsión del Paraíso)

 



Pecado original y expulsión del Paraíso, Michelangelo Buonarroti, 1508-1512.

Esta escena, la última de esta publicación pero no menos interesante y ocultista, es una narración sinóptica, la cual combina distintos momentos o episodios en una sola representación. En este fresco podemos observar dos instantes de la historia de Adán y Eva: la toma del fruto prohibido y la expulsión del paraíso de estos dos.

Analizando primero la escena de la toma del fruto prohibido, encontramos a la serpiente enroscada en el árbol tentando a Eva a probarla, mientras que Adán se encuentra en posición como de querer coger un fruto. La serpiente es una alegoría del pecado, de la curiosidad, de la tentación, el castigo divino, pero lo que realmente da para pensar, según palabras de Borromeo, es en este instante, ya que Eva tienta a Adán a probar el fruto pero es él quien por su propia voluntad decide tomarlo, con lo que se exime de culpa a la mujer y queda el pecado, la curiosidad, en igualdad de condiciones entre sexos. No podemos obviar el árbol que se nos presenta: una higuera. Se afirma la tipología de árbol por las hojas que se observan. La tradición judía identifica el árbol del Jardín con una higuera, por lo que Michelangelo, de creencias judías como hemos dicho anteriormente, plasma en el techo esta clase de árbol. El árbol marca el antes y el después.

La segunda escena corresponde al momento en el que Dios expulsa a Adán y Eva del Paraíso, pero en vez de ser el Altísimo quien es representado, Michelangelo pinta la figura de un ángel armado en posición de ataque expulsando a un Adán y Eva avergonzados por su acción. Al fin y al cabo, esta escena es un guiño al principio de causa y efecto.

Ahora bien, la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho, la cual dijo a la mujer: «¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de ningún árbol del huerto?» Y la mujer respondió a la serpiente: «Del fruto de los árboles del huerto podemos comer, mas del fruto del árbol que está en medio del huerto», dijo Dios: «No comeréis de él ni lo tocaréis, para que no muráis». Entonces la serpiente dijo a la mujer: «No moriréis; sino que sabe Dios que el día en que comáis de él serán abiertos vuestros ojos y seréis como dioses, conociendo el bien y el mal». Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos y deseable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella. Y fueron abiertos los ojos de ambos, y supieron que estaban desnudos. Entonces cosieron hojas de higuera y se hicieron delantales. Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto al aire del día; y se escondieron el hombre y su mujer de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto. Y llamó Jehová Dios al hombre y le dijo: «¿Dónde estás?» Y él respondió: «Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo»; y me escondí. Y le dijo: «¿Quién te ha dicho que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol del cual yo te mandé que no comieses?» Y el hombre respondió: «La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí». Entonces Jehová Dios dijo a la mujer: «¿Qué es lo que has hecho?» Y dijo la mujer: «La serpiente me engañó, y comí». Y Jehová Dios dijo a la serpiente: «Por cuanto esto hiciste, maldita serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo; sobre tu vientre te arrastrarás y polvo comerás todos los días de tu vida. Y pondré enemistad entre tú y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; esta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar». A la mujer dijo: «Multiplicaré en gran manera tus dolores en tus embarazos; con dolor darás a luz los hijos; y tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti.» Y a Adán dijo: «Por cuanto obedeciste la voz de tu mujer y comiste del árbol del cual te mandé, diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y cardos te producirá, y comerás hierba del campo; con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres y al polvo volverás». Y llamó Adán el nombre de su mujer Eva, por cuanto ella fue la madre de todos los vivientes. Y Jehová Dios hizo a Adán y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió. Y dijo Jehová Dios: «He aquí el hombre ha llegado a ser como uno de nosotros, conociendo el bien y el mal. Ahora, pues, no sea que alargue su mano y tome también del árbol de la vida, y coma y viva para siempre», por tanto, lo sacó Jehová Dios del huerto de Edén, para que labrase la tierra de la que fue tomado. Echó, pues, fuera al hombre y puso al oriente del huerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía por todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida. (Gn 3:1-24)

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